lunes, 31 de diciembre de 2007

Balance

El 2007 ha sido un año sorprendente en muchos aspectos. Lo comencé con una familia, que sentía mía, y lo termino con otra, que realmente lo es. Conseguí salir de la Isla, llegar hasta Manhattan y volver a volar segura, esta vez sabiendo que el crucero será largo y divertido. 2007 ha sido un viaje íntimo, desde la resignación del amor con Diego hasta la valentía de la soledad, pasando por la frustración de no llegar a alcanzarte, eso sí, con importantes paradas: la relación con Fran que me enseñó cómo merezco ser tratada y la relación con Carina que me enseñó cómo no debo llegar a tratar yo a los demás. Cuando comencé este blog, a mediados de año, no creía que pudiera siquiera volver a sentir ilusión, y ahora me emocionan nuevos proyectos, la Casa Azul, mi viaje a Buenos Aires y esta relación espírica, regalo de Navidad, que apenas comienzo con Alvaro, al que ya presiento como una gran amistad. Para tí y para mí, no ha sido el mejor año, te he notado alejarte, poco a poco, de mí, San Borondón me robó la fidelidad y también tu cercanía, esa intimidad que compartíamos antes de mi partida, es como si no hubieras sabido esperarme, quizás, no confiaste en que la fuerza de mi amor me devolvería al mundo de los vivos para estar otra vez a tu lado. El 2007 ha sido también un año de grandes amistades, en el que gente como Knut, Silvia, Marimar, Yola, Elvira, Ruth, Nicol, Edina, Lito, David, todas Las Chungas, Mari, Ainhoa, Fran, Azu, etc...han aguantado mi tristeza, me han ayudado en mi mudanza y han soprepasado mis expectativas con gestos de cariño que me emocionan al recordarlos, cada uno en su estilo. Sea como sea, no ha sido un año corriente, este pasado, ni un año más...ha tenido cosas buenas, pero me deja una ausencia que lo convierte en fatídico, desequilibrando el balance y mi optimismo habitual. Este ha sido el primer Año Nuevo sin mi abuela y a mi me duele que la vida simplemente siga, como si nada hubiera pasado, siento hasta rabia de que otro año llegue, ignorando que ella ya no está.

jueves, 27 de diciembre de 2007

La Casa Azul

Es bella, la Casa Azul, mi futuro, mi nueva vida. Es bella y siempre ha estado ahí, en un rinconcito de mis sueños, esperando para hacerse realidad. Es como si las piezas del puzle siempre hubieran estado presentes y ahora encajaran de golpe, todas: el mar, el norte, las montañas cercanas, el Viento, la Navidad, el limonero del jardin, el tono exacto de añil. Muchas de esas obsesiones inexplicables que componían mi mundo interior, el mundo de mis fantasías, se aglomeran ahora en la estampa de esta casa intuida desde antaño, amada antes de ser vista. Al igual que, al entrar en ella, presiento las futuras escenas en cada uno de sus rincones, las risas venideras en la cocina, preparando un desayuno pausado de domingo, al ritmo de ese rap que le pido a David últimamente: "Dale más Juani, dale más, ya le doy, ya le doy....". Me vislumbro sentada en la galería de la entrada, con el sol colándose entre las ramas del limonero, los pies en alto, leyendo un libro prestado por Alvaro, pensando en la última noche que dormimos juntos, en Madrid, mientras vosotros jugaís a juegos de cachorros sanos en el jardín, que olerá a hierba cortada, porque será primavera. Es bella y es frágil, la Casa Azul, porque al venir del mundo de los sueños, corre el peligro de no acabar de materializarse, por eso, ahora, contengo el aliento y cruzo los dedos.

Sigue el baile

Ahora me toca bailar a ritmo veloz. La música de mi vida se ha vuelto rápida, tan rápida que no hay tiempo para los sentimientos. Otra vez los amantes y las conquistas se suceden vertiginosamente: las noches, los rostros, los detalles apenas contados de sus vidas antes de, los mensajes amables del día después. . .Me cuesta concentrarme, recordar quién era quién, sus edades, sus profesiones, sus caricias idénticas. En ésta rauda melodía, sólo ha habido una nota discordante, un compañero que ha tocado las cuerdas de mi alma, con palabras sabias, con besos tántricos, con libros prestados, sólo a él volveré a bailarle a un ritmo más dulce, cuando pase este villancico agotador y el año nuevo comience. Las vueltas se aceleran, yo sigo aguantando el ritmo, tú no estás en la pista.

martes, 18 de diciembre de 2007

Aficciones

En los perfiles de los blogs, en los cuestonarios de personalidad y en los ficheros de cualquier índole, siempre declaramos aficciones inocuas: leer, viajar, ir al cine, jugar a la petaca, etc. . . Pero yo, me estoy dando cuenta estos días, de que, si soy sincera conmigo misma, mis verdaderos intereses, mis auténticos "leifmotiv", son , digamos, inconfesables o, al menos, políticamente incorrectos. Porque, vamos a ver, ¿Qué pasaría si, por ejemplo, en éste blog, pongo de buenas a primeras que lo que realmente me gusta, es emborracharme hasta perder la cabeza y, sobre todo, ligar como una descosida? Todos tenemos nuestras pequeñas obsesiones o entretenimientos, volar, es para mí una de ellas, como lo es escribir, viajar, leer, observar a la gente. . .pero, lo cierto, es que jamás he dejado de salir una noche en la que hubiera perspectivas de consumir cantidades ingentes de alcohol y/o de ligar con algún tío interesante, para quedarme en casa leyendo un buen libro o viendo la última película de cine alternativo. Es más, me estoy obsevando últimamente, y soy absolutamente feliz, en las ocasiones en que hay alguna tensión sexual de por medio. Me encanta flirtear, coquetear, ligar. . .llámalo como quieras, de hecho, he llegado a la conclusión de que me gusta más esta fase que la del enrolle o consumación sexual propiamente dicha.
Me doy cuenta de que este tipo de comportamiento inmaduro, suele obedecer a necesidades de satisfacción de la autoestima. Dicen que los clásicos casanovas siempre han querido, inconscientemente, probarse a sí mismos y al mundo, su poder de seducción. Pero, genuinamente, creo que no es mi caso. Yo ya sé de sobra que tengo poder de seducción, y aunque comprendo que dicho poder, como mi belleza, o mi inteligencia, siempre serán superables por los de otras personas, me conformo con lo que me ha tocado en suerte en la lotería genética. En mi caso, creo que esto de beber y ligar me divierte más que cualquier otra aficción alternativa y punto. Lo malo es que, entre esas aficciones alternativas está también pensar en tí, soñarte, pasar tiempo contigo incluso. Aunque casi siempre intente engañarme a mí misma, llenándome de pensamientos románticos, hay una vocecita escéptica, que me ve actuar en las noches que tú no estás y sabe de sobra, que en el fondo, no estaría dispuesta a renunciar a esta nueva vida de ligues superficiales ni siquiera por tu supuesto amor imposible.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Marte

Ayer acabé llorando en brazos de Diego, su hombro olía a casa y los latidos de su corazón me recordaron cómo me sentía al principio, cuando aún dormíamos desnudos y abrazados, convencidos de que habíamos encontrado a la persona que compartiría nuestra vida. El, por supuesto, no me besó, ni me dijo que me quería, sólo me dijo que podía volver cuando quisiera, con esa voz gris, modulada sin pasión ni sentimientos. Volví a casa de mis padres mareada y agotada. Encendí esta ventana al mundo que, ahora, es mi ordenador y recibí un mensaje de mi tío Chus. Dice que, durante este mes de diciembre, Marte estará más cerca que nunca en la historia humana, de la Tierra; que dicha cercanía alcanzará su zénit la noche del 27 y que, entonces, Marte se verá como una especie de luna roja en el cielo. Cuando leí el mensaje sentí un pálpito en el corazón, como aquella vez que oí tu nombre por primera vez, antes de conocerte. Presiento que esa noche pasará algo especial, elijo creerlo, porque ¿Qué es la vida sin sueños, sin magía? Yo lo sé, es la vida que me esperaba junto a Diego y su pragmática pandilla. Ahora que, por fin, me he librado de los cazadores de sueños, pueden comenzar los milagros. De momento, pronto habrá una luna roja en el cielo de Navidad.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Segunda vuelta del baile

Ayer, me dijo un compañero de vuelo, con el que me pasé toda la línea coqueteando descaradamente hasta que me enteré de que era un enemigo declarado de mi prima, que "las peores" somos las que estamos "en la segunda vuelta del juego de las sillas". Es más, me explicó que, de vez en cuando, se nos rompe una silla, o se quema, y entonces, nos levantamos y volvemos a bailar. Me pareció graciosísimo, en parte porque tiene razón, en parte porque me imaginé inmediatamente a mí y a todas mis amigas solteras (que son muchas y, contrariamente a las leyes naturales, cada vez son más) bailando alrededor de un círculo de sillas ignífugas y quebradizas. Luego estuve pensando que la soltería otorga a la noche de una cierta emoción extra y, por tanto, motiva a salir más, pero que, a fuerza de haberte sentado en más de una silla digamos "defectuosa", de esas que te dejan caer al suelo estrepitosamente, acabas con una cierta aversión a sentarte, ya lo dijo Paulov, por lo que simplemente bailas y das vueltas y más vueltas al son de la música, espero que siempre alegre, con las nalgas amoratadas. Estos días comienza, según esta curiosa teoría, la segunda vuelta del baile, yo estoy preparada, el ritmo ya va dominando mi vida. Hey Mr DJ I wanna dance! ¡Danzad, danzad, malditos!

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Bahía

Siempre que vuelvo a ver la tierra que me vio nacer, se dilatan mis ojos ante su belleza. La luz de la Bahía de Vigo penetra en mi cerebro, ablándandolo. Las colinas verdes, el olor a salitre, las playas de Cangas, los maullidos de las gaviotas sobrevolando la costa, los barquitos pesqueros y, sobre todo ello, el mar, ese ente amado al que siempre vuelvo, mi Océano Atlántico, mi Mar del Norte.
Pienso que es el mar el que me llama a vivir cerca de él, en Inglaterra, en el Fiordo de Noruega, en San Borondón. . .ahora me reclama para que vuelva a su vera, en Santander. Nunca me enamoro de ciudades interiores, Madrid, Zaragoza, Alfaro, me dan una cierta desazón, sólo cuando advierto el aroma del mar cerca me siento completamente a gusto, sólo si hay olor a mar y a nieve, a mar y a hierba mojada, olor a libertad y a Norte.

Manu

Manu vende "La Farola" en la puerta del centro comercial que hay al lado de casa de mis padres. Es un negro alto, guapo, fuerte, un auténtico superviviente. A veces, le invito a comer o a tomar un café. Aún no habla bien español, pero dice que los españoles nunca le miramos a la cara, eso le duele a Manu. Por lo que me cuenta, creo que se siente como uno de los espectros de La Isla, aquéllos que no tenían nombre, ni rostro, ni importancia alguna. Manu se echa tres sobres de azúcar en el café, yo me conformo con una sacarina. A Manu su ropa regalada le sienta mil veces mejor que a mí todos mis trapos recién comprados en las tiendas de toda Europa. Cuando me ve llegar por la calle, la sonrisa de Manu se traslada a sus ojos: "Amiga guapa, ¿Cómo va eso?" "Bien, Manu, ¿Y tú?¿Vendes algo hoy?" Mi madre a mi lado se ha quedado blanca y rigida, aprieta la mandíbula "Esta es mi madre, Manu" "Encantado señora. Su hija, buena amiga, guapa" dice llevándose la mano al pecho. Mi madre intenta ser educada, todos los fantasmas del pasado deben estar aullando en su cabecita rubia, "Ho-hola" Consigue articular con un hilillo de voz". Yo me río "Bueno Manu, nos vamos a comprar que tenemos prisa" "Adios, mi amiga" "Adios Manu".

martes, 27 de noviembre de 2007

Lo que hace la satisfacción

Esto es otra cosa, no hay color. Mi amante no me ha defraudado y, además de lo que todos estaís pensando, nos hemos ido a La Latina de cañas hasta las cinco de la tarde. Hacía un espléndido sol invernal, Madrid estaba en su punto, animado pero sin agobios, nos hemos reído muchísimo y nos hemos pillado una medio borrachera muy agradable. Luego he pasado a ver a mi amiga Ruth que estaba enfermita y, aprovechando que no se podía defender verbalmente, le he dado una tabarra digna de una adolescente, no sobre mi amante, sino sobre tí (para variar). Todo ésto me ha puesto de un humor excelente, tanto que debía ir sonriendo por la calle en plan estrella de cine, o radiando algún tipo de aura sexual de satisfacción, porque de camino a casa me han lanzado todo tipo de piropos, algunos muy soeces (no, esta vez llevaba cuello alto) pero mi ego los ha agradecido todos. Por si fuera poco, comienza mi época favorita del año (sí, soy así de previsible) y como yo pongo los adornos de Navidad incluso antes que El corte Inglés, en casa me esperaba mi arbolito parpadeando sonrisas de colores. ¿Quién dijo que los días perfectos no existen?

domingo, 25 de noviembre de 2007

Mi amante

Desde la famosa fiesta del lunes pasado, Silvia se dedica a llamarme "malfollada", y es que, tal y como presentí desde el primer momento, el chico en cuestión era, en efecto, muy inútil, tanto que he perdido momentáneamente las ganas de volver al fatídico mercado de marras. Pero, como bien dice el refrán: Dios aprieta pero no ahoga, y aunque a Silvia le dé mucha risa mi situación, a Dios, en su infinita sabiduría, sí le he debido dar pena, o quizás se sienta culpable por no haber dotado a algunas de sus criaturas con el más mínimo de habilidad, gracia, imaginación o destreza sexual. El caso es que, el viernes pasado, como caída del Cielo, recibí una llamada de un amante que tengo y mantengo en riguroso secreto, desde la época de San Borondón. Mi relación con él es sencilla y muy esporádica, ahora sólo nos vemos cuando él viene a Madrid, y no nos llamamos nunca, a menos que sea para vernos. He de confesar que nunca he sentido absolutamente nada por él, aunque me cae muy bien y nos entendemos a las mil maravillas, especialmente en la cama, no le quiero, nunca pienso en él y se me olvida su existencia hasta que un día, salida de la nada, llega una llamada suya y nos citamos en algún hotel. Mi amante me hace reir y además me hace sentir bella y mundana, pero, sobre todo, sé que después de nuestra cita de mañana, Silvia no podrá volver a llamarme "malfollada".

sábado, 24 de noviembre de 2007

De vuelta en el mercado

El lunes pasado aterricé a las 12 de una noche fría y lluviosa como pocas, habíamos estado volando unas trece horitas "del ala" (nunca mejor dicho) y mis pies presentaban un tamaño anormalmente grosero. En la furgoneta de vuelta a casa, el comandante, persona sensata, saca dos entradas de una fiesta de la compañía a la que él pensaba ir, hasta que se dieron las disuasorias condiciones meterológicas y horarias antes mencionadas, y me las regala : "Toma, vete tú si quieres, yo estoy muy cansado". ¿A quién diantres llamo yo a éstas horas, un lunes por la noche, lloviendo a cántaros, para invitarle a una fiesta? Silvia, claro ¿Quién más? Y es que Silvia, mi compañera de vuelo, se merece un blog aparte, para muestra la siguiente conversación:
-Holaaaa? Esto,¿Es tarde para llamarte?
-No, Estoy en la cama, leyendo. . .¿Qué pasa?
-Es que hay una fiesta, y me han regalado dos entradas, pero, claro, si estás ya con el pijama y todo......
-¿Fiesta?
-Si, y las entradas vienen con tres consumiciones cada una......
-¿Sabes que me estás tentando?
Así que me ducho e intento encender la calefacción de casa de mis padres que no logro dominar, de modo que en la casa hacen unos acogedores dos o tres grados, y me arreglo, mientras espero que llegue Silvia. Tengo cara de cansada, estoy cansada, no debería ir, pero tengo que "volver al mercado" me recuerdo a mí misma, mientras busco el sujetador negro, ése que me sube el pecho al mismo sitio donde estaba la última vez que "estuve en el mercado".
Llegamos a Pachá tarde, tan tarde que la mayoría de la gente ya se está marchando. "Ya no hay consumiciones con las entradas" nos dice la chica de la puerta "¿Có...cómo?" Siento el impulso de matarla, pero me digo a mí misma que no importa, que ahora tengo que socializar y conocer gente, al fin y al cabo "he de volver al mercado" . Por eso mismo, tardamos unos diez minutos enteros en recorrer el camino que nos separa de la barra, saludando a los conocidos sin cara de impaciencia, y por eso mismo, no protestamos cuando nos clavan diez euros por copa. A la tercera, se me olvida que no son gratis, todo el mundo me empieza a caer bien, incluso aunque sean pilotos, y me animo a hablar con los que, al menos, tienen la decencia de no separarse de la barra, mientras Silvia coquetea descaradamente con uno a pesar de que ella supuestamente "no está en el mercado". Como suele pasar, a medida que avanza la noche, las chicas van desapareciendo y nos quedamos Silvia y yo, rodeadas de los impresentables más impresentables de la compañía. A ella le empiezan a decir que qué guapa es y a mí que qué simpática, debe ser su forma de halagarnos, pienso, pero decido no contestarles nada mordaz, a los chicos no les gusta, les gusta que les rías los chistes y te atuses el pelo con cara de boba "¡Qué interesante todo lo que me cuentas!" Le miento a uno que no deja de mirarme el escote. Me dan ganas de irme a mi casa solita, pero me recuerdo una vez más, que ya es hora de que ligue, de que empiece de nuevo, de que me olvide momentáneamente de tu nombre y de los fríos labios de Diego. Además, en mi casa hace demasiado frío para dormir sola esa noche. Dejo que el inútil de turno se acerque más a mí, me vuelvo a reír,. . .está bien, esto es fácil, "ya estoy de nuevo en el mercado".

viernes, 9 de noviembre de 2007

Cosas de Enigmala

Hoy me he acordado de Enigmala, no sólo porque esté en Santander (¡Por fin!), tras los duros días de mudanza solitaria, la ruptura sentimental y demás lindezas, sino porque me ha ocurrido una de esas cositas que ella contaría con muchísima gracia. El caso es que, estaba yo en la peluquería, ya que como entre funerales, crisis sentimentales, vuelta al trabajo y otros cambios vitales, había olvidado que no, no soy rubia natural y eso del pelo bicolor quedó "demodé" allá por el último CD deAhá, piense lo que piense Mónica Naranjo. . .Pues eso, decidí entrar en una peluquería desconocida que tenía pinta de ser exclusivamente femenina. Allí me hallaba yo, relajadísima entre los masajes capilares y el sobeteo de cabello, razón por la que ya merecería la pena pagar, incluso sin el plus del corte de pelo (qué le vamos a hacer, está una muy necesitada de contacto táctil), a la par que me ponía al día de todos los cotilleos de la prensa rosa, desde la polémica boda del hijo de no sé qué baronesa hasta hoy, y le confesaba sin decoro mis inquietudes emocionales a la peluquera, que tengo comprobado que dichas profesionales además de toquetearte la melena divinamente son grandes depositarias del saber popular. La peluquera, a su vez, desconociendo que ya me estaba prestando servicios colaterales como masajista y confesora, se aplicaba esmeradamente en envolverme la cabeza en un halo de papeles de plata entre los que sobresalían apenas unos mechones pringosos de cabello ralo. De esta guisa me hallaba yo, pensando divertida que parecía un alienígena (de los feos, de los que vienen a arrasar el planeta y aniquilar la raza humana) cuando entra por la puerta un chico impresionante. "¡No puede ser!" Pienso yo, mientras miro atónita mi frente semicubierta de tinte rojizo, "¿No se irá a quedar encima?" "¡Pasa guapo!" Saluda la peluquera traidora "Siéntate aquí al lado un momento, que en seguida estoy contigo" "Tú lo que necesitas ahora es conocer chicos majos y ya verás qué pronto se te pasa el mal trago" Dice a continuación, para colmo, siguiendo con la conversación que teníamos previa a la llegada del "bombón" Comentario que origina una mirada calibratoria por parte del muchacho hacia mi penosa y avergonzada persona, terminada, cómo no, con una sonrisa compasiva. ¡Para una vez que veo un chico que me interesa en Santander! Lo dicho, cosas de esas que le pasan a Enigmala.

domingo, 4 de noviembre de 2007

macabro

Hay un anuncio que dice algo así como "cuando nos miramos por primera vez, surgieron chispas y encendimos las luces de no sé qué". Eso me ha hecho pensar en aquella primera noche que tú y yo pasamos juntos. No es por ser macabra, pero lo cierto es que, en el momento en que tú y yo nos besabámos por vez primera, saltaba una estación por los aires, y aunque debo confesar que la primera vez que vi tu mirada, el suelo se volteó bajo mis pies y supe que mi mundo nunca volvería a estar en el mismo sitio, nunca pensé que nuestro encuentro físico puediera tener consecuencias tan devastadoras para toda la ciudad, para todo el país. Por eso, quizás, sea bueno para el planeta que nos mantegamos como hasta ahora, alejados en el sentido bíblico de la palabra. Aunque me cueste tanto, algunas veces, cuando pones tu mano en mi cintura y te acercas a surrurarme algo al oido, con tu pelo rozando mi cuello y tu sonrisa perfecta en mi retina. Presiento que no es casualidad, que nuestro amor sería tan fuerte que las dimensiones se fundirían y las energías desbocadas arrasarían las montañas. Por eso debemos mantenernos alejados, figir indiferencia incluso. Como tantos años, como hasta ahora.

Lastre

Cada vez que vuelvo a Londres, me embarga un sentimiento agridulce que apenas me deja respirar. La otra noche, desde lo alto de mi lujosa habitación del Hilton, mirando a Hyde Park, pude ver el espectro de mi pasado entrando por la puerta de atrás de ese mismo hotel, mendigando un trabajo cualquiera ¡Era tan joven! ¡Estaba tan sola! Aún me maravilla que pudiera sobrevivir, me dan ganas de bajar y abrazarme a mí misma, de arroparme y protegerme de todas las inclemencias que vinieron después, aconsejarme y asegurarme que todo saldría bien, que algún día entraría por la puerta grande de cientos de hoteles como aquel. ¡Las vueltas que da la vida! Siento una especie de alivio, mezclado con la pena de no poder explicar a nadie las dificultades por las que tuve que pasar en las calles de aquella ciudad que amo tanto como odio: el agotamiento, la desesperación, la soledad de la inmigración. . .Y el recuerdo de Moha con quien compartí tantas de esas cosas, el recuerdo del daño que le hice al abandonarle allí, en esa ciudad y en esa clase social de la que yo logré salir dejándole a él atrás, como un saco de lastre del que debí desprenderme para poder elevarme y volar. Ya no puedo hablar de él con nadie, es un tema tabú y olvidado, los siete años que pasé en Londres nunca se mencionan en mi casa, con mis amigos, en el trabajo, es como si nunca hubieran existido, como si yo no llevara dentro las heridas de la supervivencia y el recuerdo de unos ojos negros puros, a los que herí profundamente.

Renacimiento

Me acabo de dar cuenta, en esta noche tan meláncolica, que hace aproximadamente un año, mientras yo estaba ausente del mundo en la isla de San Borondón, mi amigo Manolito (perdón quería decir el amigo de mi hermano) casi se ahoga en una de esas imprudencias nocturnas a las que tanto tú como él, sois tan aficcionados. Esto me ha hecho pensar que la vida comienza y se renueva una y otra vez, que debería celebrar el simple hecho de estar viva, el hecho de que personas como Lito estén (incomprensible y milagrosamente, eso sí) al otro lado del teléfono. Pronto acabará esta tristeza, al fin y al cabo, en el Norte ya llegó el invierno.

Renuncia ideal

Cuando comencé este blog renunciaba a tí, a tu amor ficticio. Lo hacía en aras de la resignación y la conformidad de mi vida junto a Diego, pensaba arrinconar mis sentimientos y dedicarme a vivir a medias pero sin sobresaltos, a ras de suelo. Hoy, a pesar de que las circunstancias hayan cambiado tanto, de que piense recuperar la ilusión, la valentía y el vuelo solitario, sigo renunciando a tenerte. En parte, porque sé que nunca podría retenerte a mi lado y presiento que es mejor no haberte tenido nunca que haberte perdido ya, en parte porque me gusta este sentimiento platónico, que sólo existe en el mundo de las ideas, y es, así, ideal, ideal ya que nunca puede estropearse, ideal, ya que llega donde la fantasía se limita, sin mancharse de rutinas y convivencia, de expectativas frustradas y exigencias mutuas. Y es ¡Tan bonito quererte! Sentirme viva y soñar despierta, idolatrarte y renunciar a considerar que alguien más entre en mis sueños.

Adios casita, adios.

Hoy es el último día que paso en este pisito de Aluche que durante casi cuatro años ha sido mi hogar. Cuando Diego y yo llegamos aquí, no había absolutamente nada, ni siquiera bombillas en las lámparas desnudas. Había, sin embargo, si no me falla la memoria, besos y mariposas en el estómago. Luego llegaron las tardes en Ikea, la ilusión,los rodillos manchados de pintura, la formación de un refugio, un lugar bello y cálido dónde acurrucarnos juntos en las tardes de invierno. La casita se fue llenando de muebles, adornos, fotos y comodidades. Lo conseguimos, era un hogar perfecto, al menos a mí me lo parecía. Por aquél entonces, tú no eras más que un recuerdo divertido, una anécdota de una noche que contar a mis amigas, mi mundo era Diego, nuestras noches de amor y nuestros planes de futuro. No sé qué pasó, aún me lo pregunto, no entiendo cómo pudo cambiar tanto. Sé que no fui yo, me consta, fue él el que se acomodó en nuestro refugio hasta el punto de olvidar que no eran los muebles, los adornos y las fotos las que habían construido un hogar, olvidó que antes de todo eso, estaban las paredes desnudas y nuestros besos. Supongo que dejó de amarme y se conformó con quererme. Hoy es la última noche que lloro en este pisito sola, despidiendome de cada rincón de este hogar que pudo haber sido el mío.

jueves, 25 de octubre de 2007

Los puentes de Madridson

He de confesar que estoy aterrada. A medida que se acerca el día de mi mudanza, el día que saltaré sin mirar atrás hacia un futuro solitario e incierto, noto que me tiemblan las rodillas, me duele la cabeza y no puedo dejar de preguntarme si estaré haciendo lo correcto. Me da miedo, abandonar mi comodidad, mi hogar y el cariño templado pero constante que me ofrece Diego.
Aparentemente, no soy una chica temeraria, no practico deportes de esos modernos acabados en "ing" que a ti tanto te fascinan. No me gusta lanzarme por los puentes, ni siquiera con arneses. Me horrorizan todas las experiencias que conllevan velocidad, peligro y adrenalina desbocadas. Se podría decir que, en lo físico, soy tan prudente como una seta envuelta en celofán y, sin embargo, aquí estoy, a punto de saltar por "los puentes de Madridson".
En efecto, a pesar de mi miedo, de mi cobardía y mi confusión existencial, he descubierto en estos meses en que el desamor ha inundado mi vida que hay otro tipo de valentía en mí, un tipo de valentía tan poco común como tu aficción a jugarte la vida gratuitamente.
En estos meses, he descubierto en los ojos y los consejos de la gente, que la mayoría se resigna, como Francesca, el personaje de Meryl en aquella loable película, como yo misma intenté hacer al comenzar este blog. Nuestra sociedad está plagada de parejas que permanecen juntas por conveniencia, comodidad y una clase de cobardía que quizás sea tan acertada como la prudencia que a mí me lleva a no lanzarme por las colinas abajo para volar.
Ahora entiendo el pleno significado del dilema de la novela de Wallace, lo adecuado, la seguridad, la fidelidad y el cariño frente a la pasión, el amor, la aventura. . . Ahora estoy segura de que a toda mujer, y quizás también a todo hombre, se le presenta alguna vez en la vida la opción de cruzar o no este puente y ahora sé también, que la mayoría elige no hacerlo.
Así que, quizás, los demás estén en lo correcto y seguramente corro el riesgo de romperme el corazón una y mil veces como tú corres el peligro de romperte la crisma en tus alocadas aficciones.
Pero a cualquiera que me conozca le consta que he intentado resignarme, durante dos años he intentado quedarme en el lado adecuado del puente, el lado seguro, hasta que la tristeza, la amargura y ese odioso sentimiento de desamor, me han empujado al borde del puente. Ahora no me queda más remedio que cerrar los ojos, contener el aliento y. . .SALTAR. ¡Ojalá que mis alas no me fallen!

lunes, 8 de octubre de 2007

Moscovitas

No hay nada como pasear por nuestra Europa del Este para sentirse un patito feo. Llevo dos días intentando encontrar un aspecto de mí misma que pudiera hacerme más atractiva que a cualquiera de las cientos de "supermodelos" que atacan mi autoestima desde todos los rincones de esta ciudad.
"Exotismo", pienso, pero el espejo del ascensor me devuelve la realidad de mi piel pálida y mis ojos claros, el mismo colorido de una auténtica eslava. ¡Quién tuviera el pelo negro y los ojos chispeantes!
"Bueno", reflexiono "eso del carácter y la pasión latina tiene que notarse en la gracia para moverse o algo ¿No?" E intento contonearme al andar, con el consiguiente traspiés ridículo. Está claro que tampoco soy cubana.
El caso es que estoy segura de que cualquiera de ellas cambiaría su belleza por mi condición privilegiada de occidental, pero hasta que el dinero no pueda comprar una osamenta más estrecha y una melena perfecta, ese convencimiento no me hace sentir mejor.
Bueno, me miento, lo importante es aquello de la belleza interior, dicen, seguro que los chicos listos (y me consta que tú lo eres) valoran más la personalidad, el sentido del humor. . . Pero ¿Qué ven mis ojos? ¿no es aquél el hermano gemelo de Darek? ¡Qué ojos! ¡Qué hombros! ¡Qué sonrisa! ¡Qué cintura! Ya no puedo pensar ¿De qué estabamos hablando? ¡Ah! Sí . . . Como iba diciendo, espero que ninguna de éstas sepa hacer una buena mamada.

Octubre rojo y gris

Llueve en Moscú. Hoy también es octubre, pero el único rojo vigente es el que parpadea en los letreros de MacDonalds frente al otrora orgulloso Kremlin, el rojo Dior en los labios de cientos de muñecas rusas que venden su belleza entre la lluvia gris.
La lluvia moscovita te cala el alma. El gris militar de su cielo, de sus paredes, te empapa de melancolía, contagiándote la certeza de que después de esta lluvia no lucirá el sol.
Gris eterno, gris comunista, plomo y pobreza. Rojo lujo, rojo consumista, sexo y violencia. Rojo y gris, gris y rojo, en Moscú no caben más colores, no caben las sonrisas.
Llueve en Moscú, es octubre de la era capitalista.

lunes, 24 de septiembre de 2007

El canto del cisne

El verano parece no querer terminar nunca, se resiste a fallecer, lanzándonos postreros días estivales en pleno equinoccio. Ha sido un verano horrendo, nada ha salido realmente bien. Necesito urgentemente que las lluvias de otoño lleguen y borren las huellas del sol, que las tormentas limpien el aire y mi alma. Volver a empezar, olvidar este año completo de verano inacabable, de infidelidades que dejan el amargo regusto de la culpabilidad metido en los huesos. Apenas puedo verme ya, me vuelvo transparente, como los espectros que habitan San Borondón. He dejado de tener luz propia, encanto, valor. Soy un ser cobarde, cómodo, amargado. Ya no me veo, no me reconozco. Pero me he cansado de esta resignación, de que la pena y la propiedad dominen mi destino. Se acabó, pienso marcharme, a empezar de nuevo, con el corazón encogido y unas alas marchitas, pero con valentía. Pronto llegarán las lluvias, debo concentrarme, resistir, pronto comenzaré una nueva vida en la ciudad del Norte, donde el mar me espera. Debo aguantar estos últimos rayos de sol hiriente, estas ultimas semanas en un hogar moribundo, la pena no va poder conmigo, tengo un plan secreto para escapar, unos amigos. Tengo la certidumbre de que nada es eterno, pronto llegará el otoño.

jueves, 13 de septiembre de 2007

Till we meet again

Algún día abuelita, nos volveremos a ver, lo siento, lo sé. Tú tendrás entonces 33 años, uno más que yo ahora mismo, serás bella, fuerte, cabezota, optimista y divertida, como siempre fuiste, querrás salir a bailar y a enseñarme las delicias de esa Ciudad Nueva que ya habitas. Hasta entonces, intentaré no echarte de menos demasiado, la vida pasará en un suspiro, buscaré un hogar como el tuyo, repleto de amigos cada tarde, y no olvidaré tu legado genético, lo mejor que has podido regalarme: la alegría de vivir, la capacidad de soñar, el optimismo. Prometo divertirme, abuelita, y hacer muchas cosas bellas, para que ese día, en el que volvamos a vernos, pueda hacerte reir de nuevo.

domingo, 26 de agosto de 2007

David

Cuando yo era pequeña (ya entonces era bastante fantasiosa) tenía un amigo al que veía sólo en sueños. No quiero decir un amigo imaginario de esos al estilo película américana, sino un personaje con el que soñaba repetidamente, durante muchos años. David, que así se llamaba el onírico sujeto, era moreno y callado (debía de serlo para aguantar mi precoz verborrea ) llevaba siempre una camiseta de rayas azules y blancas y una visera roja (Ya se sabe que en el mundo de Morfeo no existen las modas ni la higiene personal). El sufrido muchacho escuchaba pacientemente todas las parrafadas que yo le soltaba, sentado en una especie de playa-bosque bajo un atardecer perpetuo. A este paisaje, que yo creía inventado por mi prolífica fantasía, acudía cada vez que me sentía sola o confusa en mitad de un sueño, y David siempre estaba allí, tranquilo y sonriente, por lo que acabé cobrandole un afecto grandísimo a éste amigo soñado a pesar de llevar el nombre de mi hermano mayor (Prueba de que ni siquiera las fantasías son perfectas).
Años más tarde, cuando llegué por primera vez a Noruega, descubrí para mi asombro, que la playa-bosque, el río-mar y hasta el atardecer perpetuo, existían fuera de mi mente, en un rincón recóndito del fiordo de Trondeheim. Nunca he sabido qué significado tenía aquéllo, y sigo buscando una explicación plausible dentro de los límites de la ciencia, sobre todo porque las alas de mi fantasía cada día son más fuertes y a veces me arrastran demasiado lejos del suelo. Por eso, cuando conocí a David, aunque llevaba una gorra puesta y profesaba una pasión por Noruega similar a la mía, decidí no darle la más mínima importancia, demasiado rebuscado, pensé. De eso hace unos cinco años ya.
El otro día cuando fuimos al descenso del Sella, David llevaba una camiseta de rayas y se parecía tremendamente a "mi David", el inventado, tiene su misma sonrisa y su misma paciencia para mis extravagancias.
Estos ultimos días han sido duros, el ingreso de mi abuela por un lado, tu indiferencia por otro, el desamor en el que vivo inmersa, este hogar vacío de sentimientos, la falta de pasión, de rumbo, esta confusión que me envenena despacito, por culpa de mi cobardía, de mi decisión de plegar las alas. Estos últimos días sólo ha merecido la pena la compañía de David, las noches de risas a las que cortésmente me ha invitado, como aquel otro amigo soñado, escuchándome risueño, anclándome a la alegría de vivir, perdonándome alguna que otra indiscreción,. . . y quizás deba reconocer que a veces la fantasía y la realidad se entremezclan tanto que los sueños cobran vida, quizás este David guarde, después de todo, alguna relación con aquel otro David ¿Quién sabe?, quizás, sólo quizás. . .

miércoles, 8 de agosto de 2007

Nefernefernefer

Si en el último post hablaba de lo que nos unía, a tí y a mí, en estos ultimos días que he pasado contigo, he llegado a la conclusión de que hay algo que nos separa irremediablemente: la belleza, más concretamente, tu belleza física.
La belleza es injusta, anárquica, y se da en las personas más variopintas, no es el reflejo del alma como algunos pretenden ni un don merecido, como argumentan otros. Ignoro qué designios divinos dotan a algunos seres, como la pérfida Nefernefernefer, de arma tan poderosa, siempre me lo he preguntado. No hablo de una belleza cualquiera, mediocre, relativa, hablo de esa belleza fascinante, pura, indiscutible, universal, a la que todos somos vulnerables pretendamos lo que pretendamos.
Tú eres así, eres Nefernefernefer, yo soy Merit. Tú eres capaz de arrastrar a cuanta mujer ose proyectar en tí sus ingenuas ilusiones al borde de la indignidad, sin esfuerzo, sin siquiera pretenderlo. No puedes evitar que el simple batir de tus pestañas levante sueños de futuro en sus corazones. Las he visto año tras año, entrar en tu vida sonrientes, seguras de sí, eufóricas, y acabar suplicando llorosas, sin rastro de autoestima, por las migajas de tu atención.
Por eso, nunca he tenido celos de ellas, más bien compasión, pero también por eso, si soy sincera, no me atreveré nunca a optar a tu amor abiertamente. No sé si es sabiduría o simple cobardía, sólo sé que nadie es inmune a la perfección de tu sonrisa.

martes, 10 de julio de 2007

Sed

Creo haber descubierto lo que tú y yo tenemos en común, amigo mío. Es ese ansia, ese hambre de vida que no se nos termina. Remanescencias, quizás, de una juventud interrumpida, que nos obligó a madurar antes de tiempo y nos dejó, paradójicamente, eternamente inmaduros en muchos aspectos.
Y es que pasan los años, las décadas, para que vamos a engañarnos, y a mi alrededor antiguos amigos parecen ir mutando a seres escépticos y responsables, autosatisfechos, orondos. Y ahí estamos tú y yo, queriendo respirar aires nuevos, libertad, bañándonos en el mar de madrugada, maravillándonos con el milagro de un amanecer en la playa. Aquí estamos, con esas ganas de vivir emociones, esa pasión que corre por nuestras venas, impulsándonos a salir una noche más (de nuevo cito a Loquillo). Esa hambre que, en tu caso, es sed, en mi caso, inquietud, rebeldía, infidelidad, quemazón cada noche que paso encerrada en esta placida vida junto a alguien que ya no siente la necesidad de salir, de descubrir, de sentir.
Pero, como ahora , mi lema es la resignación, la conformidad, la cobardía, cierro los ojos a la pasión que algunas noches me desborda hasta hacerme llorar de rabia, especialmente cuando, como hoy, la luna azul brilla plena y el aire trae olor de verbenas estivales.

viernes, 1 de junio de 2007

Cuestión de alas

Hoy he renunciado a volar, renuncio a tí. Como en aquella canción de Loquillo, decido conformarme, tener a mi lado a "alguien con miedo a volar".
Es curioso ¡Yo que siempre tuve alas! De niña tenían forma de páginas impresas, de adolescente, de manos en mi espalda. Luego crecí e intentaron cortar mis alas, acomodarme en una vida vulgar, rutinaria, común, pero me escapé volando, a aquella isla, donde me hice libre, fuerte, tanto que logré convertir el volar en mi trabajo.
Ahora que mis alas son grandes y pueden llevarme donde quiera, me falta el valor para alcanzarte, a ti, que estás tan alto.
Por eso decido echar raices, enterrarme en un amor predecible, a ras de suelo. Decido no sufrir, no soñar, no vivir. Renuncio a volar, repliego mis alas. En su lugar, te escribo este blog, para que al menos, algo de mi alma, mis palabras, puedan seguir volando libres.