miércoles, 5 de diciembre de 2007

Bahía

Siempre que vuelvo a ver la tierra que me vio nacer, se dilatan mis ojos ante su belleza. La luz de la Bahía de Vigo penetra en mi cerebro, ablándandolo. Las colinas verdes, el olor a salitre, las playas de Cangas, los maullidos de las gaviotas sobrevolando la costa, los barquitos pesqueros y, sobre todo ello, el mar, ese ente amado al que siempre vuelvo, mi Océano Atlántico, mi Mar del Norte.
Pienso que es el mar el que me llama a vivir cerca de él, en Inglaterra, en el Fiordo de Noruega, en San Borondón. . .ahora me reclama para que vuelva a su vera, en Santander. Nunca me enamoro de ciudades interiores, Madrid, Zaragoza, Alfaro, me dan una cierta desazón, sólo cuando advierto el aroma del mar cerca me siento completamente a gusto, sólo si hay olor a mar y a nieve, a mar y a hierba mojada, olor a libertad y a Norte.

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