En los perfiles de los blogs, en los cuestonarios de personalidad y en los ficheros de cualquier índole, siempre declaramos aficciones inocuas: leer, viajar, ir al cine, jugar a la petaca, etc. . . Pero yo, me estoy dando cuenta estos días, de que, si soy sincera conmigo misma, mis verdaderos intereses, mis auténticos "leifmotiv", son , digamos, inconfesables o, al menos, políticamente incorrectos. Porque, vamos a ver, ¿Qué pasaría si, por ejemplo, en éste blog, pongo de buenas a primeras que lo que realmente me gusta, es emborracharme hasta perder la cabeza y, sobre todo, ligar como una descosida? Todos tenemos nuestras pequeñas obsesiones o entretenimientos, volar, es para mí una de ellas, como lo es escribir, viajar, leer, observar a la gente. . .pero, lo cierto, es que jamás he dejado de salir una noche en la que hubiera perspectivas de consumir cantidades ingentes de alcohol y/o de ligar con algún tío interesante, para quedarme en casa leyendo un buen libro o viendo la última película de cine alternativo. Es más, me estoy obsevando últimamente, y soy absolutamente feliz, en las ocasiones en que hay alguna tensión sexual de por medio. Me encanta flirtear, coquetear, ligar. . .llámalo como quieras, de hecho, he llegado a la conclusión de que me gusta más esta fase que la del enrolle o consumación sexual propiamente dicha.
Me doy cuenta de que este tipo de comportamiento inmaduro, suele obedecer a necesidades de satisfacción de la autoestima. Dicen que los clásicos casanovas siempre han querido, inconscientemente, probarse a sí mismos y al mundo, su poder de seducción. Pero, genuinamente, creo que no es mi caso. Yo ya sé de sobra que tengo poder de seducción, y aunque comprendo que dicho poder, como mi belleza, o mi inteligencia, siempre serán superables por los de otras personas, me conformo con lo que me ha tocado en suerte en la lotería genética. En mi caso, creo que esto de beber y ligar me divierte más que cualquier otra aficción alternativa y punto. Lo malo es que, entre esas aficciones alternativas está también pensar en tí, soñarte, pasar tiempo contigo incluso. Aunque casi siempre intente engañarme a mí misma, llenándome de pensamientos románticos, hay una vocecita escéptica, que me ve actuar en las noches que tú no estás y sabe de sobra, que en el fondo, no estaría dispuesta a renunciar a esta nueva vida de ligues superficiales ni siquiera por tu supuesto amor imposible.
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