viernes, 14 de diciembre de 2007
Marte
Ayer acabé llorando en brazos de Diego, su hombro olía a casa y los latidos de su corazón me recordaron cómo me sentía al principio, cuando aún dormíamos desnudos y abrazados, convencidos de que habíamos encontrado a la persona que compartiría nuestra vida. El, por supuesto, no me besó, ni me dijo que me quería, sólo me dijo que podía volver cuando quisiera, con esa voz gris, modulada sin pasión ni sentimientos. Volví a casa de mis padres mareada y agotada. Encendí esta ventana al mundo que, ahora, es mi ordenador y recibí un mensaje de mi tío Chus. Dice que, durante este mes de diciembre, Marte estará más cerca que nunca en la historia humana, de la Tierra; que dicha cercanía alcanzará su zénit la noche del 27 y que, entonces, Marte se verá como una especie de luna roja en el cielo. Cuando leí el mensaje sentí un pálpito en el corazón, como aquella vez que oí tu nombre por primera vez, antes de conocerte. Presiento que esa noche pasará algo especial, elijo creerlo, porque ¿Qué es la vida sin sueños, sin magía? Yo lo sé, es la vida que me esperaba junto a Diego y su pragmática pandilla. Ahora que, por fin, me he librado de los cazadores de sueños, pueden comenzar los milagros. De momento, pronto habrá una luna roja en el cielo de Navidad.
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