domingo, 25 de noviembre de 2007

Mi amante

Desde la famosa fiesta del lunes pasado, Silvia se dedica a llamarme "malfollada", y es que, tal y como presentí desde el primer momento, el chico en cuestión era, en efecto, muy inútil, tanto que he perdido momentáneamente las ganas de volver al fatídico mercado de marras. Pero, como bien dice el refrán: Dios aprieta pero no ahoga, y aunque a Silvia le dé mucha risa mi situación, a Dios, en su infinita sabiduría, sí le he debido dar pena, o quizás se sienta culpable por no haber dotado a algunas de sus criaturas con el más mínimo de habilidad, gracia, imaginación o destreza sexual. El caso es que, el viernes pasado, como caída del Cielo, recibí una llamada de un amante que tengo y mantengo en riguroso secreto, desde la época de San Borondón. Mi relación con él es sencilla y muy esporádica, ahora sólo nos vemos cuando él viene a Madrid, y no nos llamamos nunca, a menos que sea para vernos. He de confesar que nunca he sentido absolutamente nada por él, aunque me cae muy bien y nos entendemos a las mil maravillas, especialmente en la cama, no le quiero, nunca pienso en él y se me olvida su existencia hasta que un día, salida de la nada, llega una llamada suya y nos citamos en algún hotel. Mi amante me hace reir y además me hace sentir bella y mundana, pero, sobre todo, sé que después de nuestra cita de mañana, Silvia no podrá volver a llamarme "malfollada".

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