viernes, 9 de noviembre de 2007
Cosas de Enigmala
Hoy me he acordado de Enigmala, no sólo porque esté en Santander (¡Por fin!), tras los duros días de mudanza solitaria, la ruptura sentimental y demás lindezas, sino porque me ha ocurrido una de esas cositas que ella contaría con muchísima gracia. El caso es que, estaba yo en la peluquería, ya que como entre funerales, crisis sentimentales, vuelta al trabajo y otros cambios vitales, había olvidado que no, no soy rubia natural y eso del pelo bicolor quedó "demodé" allá por el último CD deAhá, piense lo que piense Mónica Naranjo. . .Pues eso, decidí entrar en una peluquería desconocida que tenía pinta de ser exclusivamente femenina. Allí me hallaba yo, relajadísima entre los masajes capilares y el sobeteo de cabello, razón por la que ya merecería la pena pagar, incluso sin el plus del corte de pelo (qué le vamos a hacer, está una muy necesitada de contacto táctil), a la par que me ponía al día de todos los cotilleos de la prensa rosa, desde la polémica boda del hijo de no sé qué baronesa hasta hoy, y le confesaba sin decoro mis inquietudes emocionales a la peluquera, que tengo comprobado que dichas profesionales además de toquetearte la melena divinamente son grandes depositarias del saber popular. La peluquera, a su vez, desconociendo que ya me estaba prestando servicios colaterales como masajista y confesora, se aplicaba esmeradamente en envolverme la cabeza en un halo de papeles de plata entre los que sobresalían apenas unos mechones pringosos de cabello ralo. De esta guisa me hallaba yo, pensando divertida que parecía un alienígena (de los feos, de los que vienen a arrasar el planeta y aniquilar la raza humana) cuando entra por la puerta un chico impresionante. "¡No puede ser!" Pienso yo, mientras miro atónita mi frente semicubierta de tinte rojizo, "¿No se irá a quedar encima?" "¡Pasa guapo!" Saluda la peluquera traidora "Siéntate aquí al lado un momento, que en seguida estoy contigo" "Tú lo que necesitas ahora es conocer chicos majos y ya verás qué pronto se te pasa el mal trago" Dice a continuación, para colmo, siguiendo con la conversación que teníamos previa a la llegada del "bombón" Comentario que origina una mirada calibratoria por parte del muchacho hacia mi penosa y avergonzada persona, terminada, cómo no, con una sonrisa compasiva. ¡Para una vez que veo un chico que me interesa en Santander! Lo dicho, cosas de esas que le pasan a Enigmala.
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