domingo, 4 de noviembre de 2007
Adios casita, adios.
Hoy es el último día que paso en este pisito de Aluche que durante casi cuatro años ha sido mi hogar. Cuando Diego y yo llegamos aquí, no había absolutamente nada, ni siquiera bombillas en las lámparas desnudas. Había, sin embargo, si no me falla la memoria, besos y mariposas en el estómago. Luego llegaron las tardes en Ikea, la ilusión,los rodillos manchados de pintura, la formación de un refugio, un lugar bello y cálido dónde acurrucarnos juntos en las tardes de invierno. La casita se fue llenando de muebles, adornos, fotos y comodidades. Lo conseguimos, era un hogar perfecto, al menos a mí me lo parecía. Por aquél entonces, tú no eras más que un recuerdo divertido, una anécdota de una noche que contar a mis amigas, mi mundo era Diego, nuestras noches de amor y nuestros planes de futuro. No sé qué pasó, aún me lo pregunto, no entiendo cómo pudo cambiar tanto. Sé que no fui yo, me consta, fue él el que se acomodó en nuestro refugio hasta el punto de olvidar que no eran los muebles, los adornos y las fotos las que habían construido un hogar, olvidó que antes de todo eso, estaban las paredes desnudas y nuestros besos. Supongo que dejó de amarme y se conformó con quererme. Hoy es la última noche que lloro en este pisito sola, despidiendome de cada rincón de este hogar que pudo haber sido el mío.
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