domingo, 4 de noviembre de 2007

Renacimiento

Me acabo de dar cuenta, en esta noche tan meláncolica, que hace aproximadamente un año, mientras yo estaba ausente del mundo en la isla de San Borondón, mi amigo Manolito (perdón quería decir el amigo de mi hermano) casi se ahoga en una de esas imprudencias nocturnas a las que tanto tú como él, sois tan aficcionados. Esto me ha hecho pensar que la vida comienza y se renueva una y otra vez, que debería celebrar el simple hecho de estar viva, el hecho de que personas como Lito estén (incomprensible y milagrosamente, eso sí) al otro lado del teléfono. Pronto acabará esta tristeza, al fin y al cabo, en el Norte ya llegó el invierno.

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