miércoles, 8 de agosto de 2007

Nefernefernefer

Si en el último post hablaba de lo que nos unía, a tí y a mí, en estos ultimos días que he pasado contigo, he llegado a la conclusión de que hay algo que nos separa irremediablemente: la belleza, más concretamente, tu belleza física.
La belleza es injusta, anárquica, y se da en las personas más variopintas, no es el reflejo del alma como algunos pretenden ni un don merecido, como argumentan otros. Ignoro qué designios divinos dotan a algunos seres, como la pérfida Nefernefernefer, de arma tan poderosa, siempre me lo he preguntado. No hablo de una belleza cualquiera, mediocre, relativa, hablo de esa belleza fascinante, pura, indiscutible, universal, a la que todos somos vulnerables pretendamos lo que pretendamos.
Tú eres así, eres Nefernefernefer, yo soy Merit. Tú eres capaz de arrastrar a cuanta mujer ose proyectar en tí sus ingenuas ilusiones al borde de la indignidad, sin esfuerzo, sin siquiera pretenderlo. No puedes evitar que el simple batir de tus pestañas levante sueños de futuro en sus corazones. Las he visto año tras año, entrar en tu vida sonrientes, seguras de sí, eufóricas, y acabar suplicando llorosas, sin rastro de autoestima, por las migajas de tu atención.
Por eso, nunca he tenido celos de ellas, más bien compasión, pero también por eso, si soy sincera, no me atreveré nunca a optar a tu amor abiertamente. No sé si es sabiduría o simple cobardía, sólo sé que nadie es inmune a la perfección de tu sonrisa.

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