martes, 27 de noviembre de 2007
Lo que hace la satisfacción
Esto es otra cosa, no hay color. Mi amante no me ha defraudado y, además de lo que todos estaís pensando, nos hemos ido a La Latina de cañas hasta las cinco de la tarde. Hacía un espléndido sol invernal, Madrid estaba en su punto, animado pero sin agobios, nos hemos reído muchísimo y nos hemos pillado una medio borrachera muy agradable. Luego he pasado a ver a mi amiga Ruth que estaba enfermita y, aprovechando que no se podía defender verbalmente, le he dado una tabarra digna de una adolescente, no sobre mi amante, sino sobre tí (para variar). Todo ésto me ha puesto de un humor excelente, tanto que debía ir sonriendo por la calle en plan estrella de cine, o radiando algún tipo de aura sexual de satisfacción, porque de camino a casa me han lanzado todo tipo de piropos, algunos muy soeces (no, esta vez llevaba cuello alto) pero mi ego los ha agradecido todos. Por si fuera poco, comienza mi época favorita del año (sí, soy así de previsible) y como yo pongo los adornos de Navidad incluso antes que El corte Inglés, en casa me esperaba mi arbolito parpadeando sonrisas de colores. ¿Quién dijo que los días perfectos no existen?
domingo, 25 de noviembre de 2007
Mi amante
Desde la famosa fiesta del lunes pasado, Silvia se dedica a llamarme "malfollada", y es que, tal y como presentí desde el primer momento, el chico en cuestión era, en efecto, muy inútil, tanto que he perdido momentáneamente las ganas de volver al fatídico mercado de marras. Pero, como bien dice el refrán: Dios aprieta pero no ahoga, y aunque a Silvia le dé mucha risa mi situación, a Dios, en su infinita sabiduría, sí le he debido dar pena, o quizás se sienta culpable por no haber dotado a algunas de sus criaturas con el más mínimo de habilidad, gracia, imaginación o destreza sexual. El caso es que, el viernes pasado, como caída del Cielo, recibí una llamada de un amante que tengo y mantengo en riguroso secreto, desde la época de San Borondón. Mi relación con él es sencilla y muy esporádica, ahora sólo nos vemos cuando él viene a Madrid, y no nos llamamos nunca, a menos que sea para vernos. He de confesar que nunca he sentido absolutamente nada por él, aunque me cae muy bien y nos entendemos a las mil maravillas, especialmente en la cama, no le quiero, nunca pienso en él y se me olvida su existencia hasta que un día, salida de la nada, llega una llamada suya y nos citamos en algún hotel. Mi amante me hace reir y además me hace sentir bella y mundana, pero, sobre todo, sé que después de nuestra cita de mañana, Silvia no podrá volver a llamarme "malfollada".
sábado, 24 de noviembre de 2007
De vuelta en el mercado
El lunes pasado aterricé a las 12 de una noche fría y lluviosa como pocas, habíamos estado volando unas trece horitas "del ala" (nunca mejor dicho) y mis pies presentaban un tamaño anormalmente grosero. En la furgoneta de vuelta a casa, el comandante, persona sensata, saca dos entradas de una fiesta de la compañía a la que él pensaba ir, hasta que se dieron las disuasorias condiciones meterológicas y horarias antes mencionadas, y me las regala : "Toma, vete tú si quieres, yo estoy muy cansado". ¿A quién diantres llamo yo a éstas horas, un lunes por la noche, lloviendo a cántaros, para invitarle a una fiesta? Silvia, claro ¿Quién más? Y es que Silvia, mi compañera de vuelo, se merece un blog aparte, para muestra la siguiente conversación:
-Holaaaa? Esto,¿Es tarde para llamarte?
-No, Estoy en la cama, leyendo. . .¿Qué pasa?
-Es que hay una fiesta, y me han regalado dos entradas, pero, claro, si estás ya con el pijama y todo......
-¿Fiesta?
-Si, y las entradas vienen con tres consumiciones cada una......
-¿Sabes que me estás tentando?
Así que me ducho e intento encender la calefacción de casa de mis padres que no logro dominar, de modo que en la casa hacen unos acogedores dos o tres grados, y me arreglo, mientras espero que llegue Silvia. Tengo cara de cansada, estoy cansada, no debería ir, pero tengo que "volver al mercado" me recuerdo a mí misma, mientras busco el sujetador negro, ése que me sube el pecho al mismo sitio donde estaba la última vez que "estuve en el mercado".
Llegamos a Pachá tarde, tan tarde que la mayoría de la gente ya se está marchando. "Ya no hay consumiciones con las entradas" nos dice la chica de la puerta "¿Có...cómo?" Siento el impulso de matarla, pero me digo a mí misma que no importa, que ahora tengo que socializar y conocer gente, al fin y al cabo "he de volver al mercado" . Por eso mismo, tardamos unos diez minutos enteros en recorrer el camino que nos separa de la barra, saludando a los conocidos sin cara de impaciencia, y por eso mismo, no protestamos cuando nos clavan diez euros por copa. A la tercera, se me olvida que no son gratis, todo el mundo me empieza a caer bien, incluso aunque sean pilotos, y me animo a hablar con los que, al menos, tienen la decencia de no separarse de la barra, mientras Silvia coquetea descaradamente con uno a pesar de que ella supuestamente "no está en el mercado". Como suele pasar, a medida que avanza la noche, las chicas van desapareciendo y nos quedamos Silvia y yo, rodeadas de los impresentables más impresentables de la compañía. A ella le empiezan a decir que qué guapa es y a mí que qué simpática, debe ser su forma de halagarnos, pienso, pero decido no contestarles nada mordaz, a los chicos no les gusta, les gusta que les rías los chistes y te atuses el pelo con cara de boba "¡Qué interesante todo lo que me cuentas!" Le miento a uno que no deja de mirarme el escote. Me dan ganas de irme a mi casa solita, pero me recuerdo una vez más, que ya es hora de que ligue, de que empiece de nuevo, de que me olvide momentáneamente de tu nombre y de los fríos labios de Diego. Además, en mi casa hace demasiado frío para dormir sola esa noche. Dejo que el inútil de turno se acerque más a mí, me vuelvo a reír,. . .está bien, esto es fácil, "ya estoy de nuevo en el mercado".
-Holaaaa? Esto,¿Es tarde para llamarte?
-No, Estoy en la cama, leyendo. . .¿Qué pasa?
-Es que hay una fiesta, y me han regalado dos entradas, pero, claro, si estás ya con el pijama y todo......
-¿Fiesta?
-Si, y las entradas vienen con tres consumiciones cada una......
-¿Sabes que me estás tentando?
Así que me ducho e intento encender la calefacción de casa de mis padres que no logro dominar, de modo que en la casa hacen unos acogedores dos o tres grados, y me arreglo, mientras espero que llegue Silvia. Tengo cara de cansada, estoy cansada, no debería ir, pero tengo que "volver al mercado" me recuerdo a mí misma, mientras busco el sujetador negro, ése que me sube el pecho al mismo sitio donde estaba la última vez que "estuve en el mercado".
Llegamos a Pachá tarde, tan tarde que la mayoría de la gente ya se está marchando. "Ya no hay consumiciones con las entradas" nos dice la chica de la puerta "¿Có...cómo?" Siento el impulso de matarla, pero me digo a mí misma que no importa, que ahora tengo que socializar y conocer gente, al fin y al cabo "he de volver al mercado" . Por eso mismo, tardamos unos diez minutos enteros en recorrer el camino que nos separa de la barra, saludando a los conocidos sin cara de impaciencia, y por eso mismo, no protestamos cuando nos clavan diez euros por copa. A la tercera, se me olvida que no son gratis, todo el mundo me empieza a caer bien, incluso aunque sean pilotos, y me animo a hablar con los que, al menos, tienen la decencia de no separarse de la barra, mientras Silvia coquetea descaradamente con uno a pesar de que ella supuestamente "no está en el mercado". Como suele pasar, a medida que avanza la noche, las chicas van desapareciendo y nos quedamos Silvia y yo, rodeadas de los impresentables más impresentables de la compañía. A ella le empiezan a decir que qué guapa es y a mí que qué simpática, debe ser su forma de halagarnos, pienso, pero decido no contestarles nada mordaz, a los chicos no les gusta, les gusta que les rías los chistes y te atuses el pelo con cara de boba "¡Qué interesante todo lo que me cuentas!" Le miento a uno que no deja de mirarme el escote. Me dan ganas de irme a mi casa solita, pero me recuerdo una vez más, que ya es hora de que ligue, de que empiece de nuevo, de que me olvide momentáneamente de tu nombre y de los fríos labios de Diego. Además, en mi casa hace demasiado frío para dormir sola esa noche. Dejo que el inútil de turno se acerque más a mí, me vuelvo a reír,. . .está bien, esto es fácil, "ya estoy de nuevo en el mercado".
viernes, 9 de noviembre de 2007
Cosas de Enigmala
Hoy me he acordado de Enigmala, no sólo porque esté en Santander (¡Por fin!), tras los duros días de mudanza solitaria, la ruptura sentimental y demás lindezas, sino porque me ha ocurrido una de esas cositas que ella contaría con muchísima gracia. El caso es que, estaba yo en la peluquería, ya que como entre funerales, crisis sentimentales, vuelta al trabajo y otros cambios vitales, había olvidado que no, no soy rubia natural y eso del pelo bicolor quedó "demodé" allá por el último CD deAhá, piense lo que piense Mónica Naranjo. . .Pues eso, decidí entrar en una peluquería desconocida que tenía pinta de ser exclusivamente femenina. Allí me hallaba yo, relajadísima entre los masajes capilares y el sobeteo de cabello, razón por la que ya merecería la pena pagar, incluso sin el plus del corte de pelo (qué le vamos a hacer, está una muy necesitada de contacto táctil), a la par que me ponía al día de todos los cotilleos de la prensa rosa, desde la polémica boda del hijo de no sé qué baronesa hasta hoy, y le confesaba sin decoro mis inquietudes emocionales a la peluquera, que tengo comprobado que dichas profesionales además de toquetearte la melena divinamente son grandes depositarias del saber popular. La peluquera, a su vez, desconociendo que ya me estaba prestando servicios colaterales como masajista y confesora, se aplicaba esmeradamente en envolverme la cabeza en un halo de papeles de plata entre los que sobresalían apenas unos mechones pringosos de cabello ralo. De esta guisa me hallaba yo, pensando divertida que parecía un alienígena (de los feos, de los que vienen a arrasar el planeta y aniquilar la raza humana) cuando entra por la puerta un chico impresionante. "¡No puede ser!" Pienso yo, mientras miro atónita mi frente semicubierta de tinte rojizo, "¿No se irá a quedar encima?" "¡Pasa guapo!" Saluda la peluquera traidora "Siéntate aquí al lado un momento, que en seguida estoy contigo" "Tú lo que necesitas ahora es conocer chicos majos y ya verás qué pronto se te pasa el mal trago" Dice a continuación, para colmo, siguiendo con la conversación que teníamos previa a la llegada del "bombón" Comentario que origina una mirada calibratoria por parte del muchacho hacia mi penosa y avergonzada persona, terminada, cómo no, con una sonrisa compasiva. ¡Para una vez que veo un chico que me interesa en Santander! Lo dicho, cosas de esas que le pasan a Enigmala.
domingo, 4 de noviembre de 2007
macabro
Hay un anuncio que dice algo así como "cuando nos miramos por primera vez, surgieron chispas y encendimos las luces de no sé qué". Eso me ha hecho pensar en aquella primera noche que tú y yo pasamos juntos. No es por ser macabra, pero lo cierto es que, en el momento en que tú y yo nos besabámos por vez primera, saltaba una estación por los aires, y aunque debo confesar que la primera vez que vi tu mirada, el suelo se volteó bajo mis pies y supe que mi mundo nunca volvería a estar en el mismo sitio, nunca pensé que nuestro encuentro físico puediera tener consecuencias tan devastadoras para toda la ciudad, para todo el país. Por eso, quizás, sea bueno para el planeta que nos mantegamos como hasta ahora, alejados en el sentido bíblico de la palabra. Aunque me cueste tanto, algunas veces, cuando pones tu mano en mi cintura y te acercas a surrurarme algo al oido, con tu pelo rozando mi cuello y tu sonrisa perfecta en mi retina. Presiento que no es casualidad, que nuestro amor sería tan fuerte que las dimensiones se fundirían y las energías desbocadas arrasarían las montañas. Por eso debemos mantenernos alejados, figir indiferencia incluso. Como tantos años, como hasta ahora.
Lastre
Cada vez que vuelvo a Londres, me embarga un sentimiento agridulce que apenas me deja respirar. La otra noche, desde lo alto de mi lujosa habitación del Hilton, mirando a Hyde Park, pude ver el espectro de mi pasado entrando por la puerta de atrás de ese mismo hotel, mendigando un trabajo cualquiera ¡Era tan joven! ¡Estaba tan sola! Aún me maravilla que pudiera sobrevivir, me dan ganas de bajar y abrazarme a mí misma, de arroparme y protegerme de todas las inclemencias que vinieron después, aconsejarme y asegurarme que todo saldría bien, que algún día entraría por la puerta grande de cientos de hoteles como aquel. ¡Las vueltas que da la vida! Siento una especie de alivio, mezclado con la pena de no poder explicar a nadie las dificultades por las que tuve que pasar en las calles de aquella ciudad que amo tanto como odio: el agotamiento, la desesperación, la soledad de la inmigración. . .Y el recuerdo de Moha con quien compartí tantas de esas cosas, el recuerdo del daño que le hice al abandonarle allí, en esa ciudad y en esa clase social de la que yo logré salir dejándole a él atrás, como un saco de lastre del que debí desprenderme para poder elevarme y volar. Ya no puedo hablar de él con nadie, es un tema tabú y olvidado, los siete años que pasé en Londres nunca se mencionan en mi casa, con mis amigos, en el trabajo, es como si nunca hubieran existido, como si yo no llevara dentro las heridas de la supervivencia y el recuerdo de unos ojos negros puros, a los que herí profundamente.
Renacimiento
Me acabo de dar cuenta, en esta noche tan meláncolica, que hace aproximadamente un año, mientras yo estaba ausente del mundo en la isla de San Borondón, mi amigo Manolito (perdón quería decir el amigo de mi hermano) casi se ahoga en una de esas imprudencias nocturnas a las que tanto tú como él, sois tan aficcionados. Esto me ha hecho pensar que la vida comienza y se renueva una y otra vez, que debería celebrar el simple hecho de estar viva, el hecho de que personas como Lito estén (incomprensible y milagrosamente, eso sí) al otro lado del teléfono. Pronto acabará esta tristeza, al fin y al cabo, en el Norte ya llegó el invierno.
Renuncia ideal
Cuando comencé este blog renunciaba a tí, a tu amor ficticio. Lo hacía en aras de la resignación y la conformidad de mi vida junto a Diego, pensaba arrinconar mis sentimientos y dedicarme a vivir a medias pero sin sobresaltos, a ras de suelo. Hoy, a pesar de que las circunstancias hayan cambiado tanto, de que piense recuperar la ilusión, la valentía y el vuelo solitario, sigo renunciando a tenerte. En parte, porque sé que nunca podría retenerte a mi lado y presiento que es mejor no haberte tenido nunca que haberte perdido ya, en parte porque me gusta este sentimiento platónico, que sólo existe en el mundo de las ideas, y es, así, ideal, ideal ya que nunca puede estropearse, ideal, ya que llega donde la fantasía se limita, sin mancharse de rutinas y convivencia, de expectativas frustradas y exigencias mutuas. Y es ¡Tan bonito quererte! Sentirme viva y soñar despierta, idolatrarte y renunciar a considerar que alguien más entre en mis sueños.
Adios casita, adios.
Hoy es el último día que paso en este pisito de Aluche que durante casi cuatro años ha sido mi hogar. Cuando Diego y yo llegamos aquí, no había absolutamente nada, ni siquiera bombillas en las lámparas desnudas. Había, sin embargo, si no me falla la memoria, besos y mariposas en el estómago. Luego llegaron las tardes en Ikea, la ilusión,los rodillos manchados de pintura, la formación de un refugio, un lugar bello y cálido dónde acurrucarnos juntos en las tardes de invierno. La casita se fue llenando de muebles, adornos, fotos y comodidades. Lo conseguimos, era un hogar perfecto, al menos a mí me lo parecía. Por aquél entonces, tú no eras más que un recuerdo divertido, una anécdota de una noche que contar a mis amigas, mi mundo era Diego, nuestras noches de amor y nuestros planes de futuro. No sé qué pasó, aún me lo pregunto, no entiendo cómo pudo cambiar tanto. Sé que no fui yo, me consta, fue él el que se acomodó en nuestro refugio hasta el punto de olvidar que no eran los muebles, los adornos y las fotos las que habían construido un hogar, olvidó que antes de todo eso, estaban las paredes desnudas y nuestros besos. Supongo que dejó de amarme y se conformó con quererme. Hoy es la última noche que lloro en este pisito sola, despidiendome de cada rincón de este hogar que pudo haber sido el mío.
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