Que todo llega a su fin es indudable, la esencia misma de la vida es el movimiento, la belleza, la intensidad de lo efímero. Hace ahora un año que salí de Madrid, que retomé el vuelo, el movimiento y la incertidumbre vital, que acompañan esta emoción de vivir con plenitud, con esperanza, con caídas e ilusiones. Vivir, volar, soñar. . .disfrutar de mi nueva ciudad, de mi casa azul, de los viajes y las noches, disfrutar de la nueva persona que soy.
Ya no te amo, después de tantos años, por primera vez, sólo siento cariño. Dicen los científicos, que por investigar, investigan hasta el amor o la magia, que el sentimiento contrario al amor no es el odio, sino el desprecio y yo llegué a verte sin alas, encadenado a la rueda gris de la vulgaridad. El viento no puede detenerse, dejar de volar, tú ya no te elevas ni mueves mi camino, ya no eres mi dios, sólo mi mortal amigo.
Y después de tanto tiempo, amándote de alguna forma, esta falta de amor por tí me deja vacía, extraña. Soy, por eso, una nueva persona, una desconocida a la que debo enfrentarme ahora. Amarte formaba parte esencial de mi ser, porque no me cabe duda de que eras tú el que siempre habitó mis sueños, a través de otros amores, de otras vidas, de otros lugares. Eras tú y, sin embargo, ya no te amo. ¡Qué extraño! ¡Qué vacío!
Pero con tu amor, se ha ido la melancolía, la sensación de pérdida que también me ha acompañado siempre, la que se regocijaba en las rancheras y las canciones country, la que presentía que jamás te tendría, que un día me levantaría así, vacía y clarividente. Porque al hueco de tu amor, ha llegado una serenidad pasmosa, una claridad intelectual y una alegría calma que me tienen asombrada, desconcertada ante la nueva mujer que se abre paso en mi interior.
Este es el final de un amor imposible, la continuación, en este caso, de una bonita amistad.
Pero me siento tranquila, feliz, segura, ilusionada por empezar a vivir sin desvelos, sin añoranzas. En este año de libertad me he convertido en un hada, creo firmemente que el mundo cambia según mis deseos, siento la magia de la vida envolverme a cada aleteo que doy, ya no siento el contacto con el suelo, mis alas son poderosas, este el final de los preparativos. Ahora comienza el viaje.
jueves, 6 de noviembre de 2008
miércoles, 27 de agosto de 2008
¡Capitán oh mi capitán!
En estos días en que el mundo entero huele a quemado, la tristeza y el miedo cunden por los aires que las hadas transitamos. Cuando voy a volar a Barajas, me siento culpable por las caras largas de mi colectivo, y es que yo, no puedo evitarlo, soy inmesamente feliz justo en estos días. He descubierto un sentimiento nuevo y antiguo, unos ojos más expresivos que los tuyos en los que mirarme, tengo otro secreto, otro amor imposible hacia el que extender mis alas radiantes. El mundo entero llora y yo oculto mis sonrisas, mis sueños, callo mis verdaderas palabras y el motivo de mi regocijo.
domingo, 10 de agosto de 2008
tu chico puedes vivir una vida de hogar
A estas alturas del verano, Wendy, a base de mohines y reproches, consiguió hacer crecer a Peter Pan. Ahora él ya no puede volar, se ha convertido en un vulgar mortal, y al caerse sangra y se hace daño como todos los demás. Por primera vez, se siente más viejo y ha perdido su proverbial audacia, que lo convertía en un ser único, libre y poderoso. Campanilla, que se ha quedado infinitamente triste, vaga de barra en barra, de fiesta en fiesta, emborrachandose para olvidar la traición de su amigo, la pena que siente al verle tan bajo, tan pequeño, tan atado. Ella, sin embargo, puede seguir volando, aún conserva los polvos mágicos y hasta se ha agrandado respecto a él. Lo que más la entristece es saber que Peter se equivoca, que será infeliz encerrado en una vida común, como lo fue ella cuando perdió sus alas y se dejó encerrar en aquella jaula de Madrid. No es completamente feliz tampoco, Campanilla, pero de vez en cuando lo aparenta, se deja mordisquear por los cocodrilos entre risas frívolas y se ha hecho íntima del Capitán Garfio, ultimamente se ha fijado en sus grandes ojos marrones y ha descubierto que las hadas y los piratas pueden hacer muy buenas migas.
miércoles, 30 de julio de 2008
Desvistiendo demonios
Le dijeron a Silvia el otro día, que si nos quedamos para vestir santos, acabaremos desvistiendo demonios. Y eso es, exactamente, lo que me está pasando a mí. Mantengo una relación absurda con Eduardo, al que, en el fondo, desprecio considerablemente. Es, frente a tus ojos de ángel, un auténtico demonio. Busco su alma y no logro encontrarla, sólo le mueve el hedonismo y la vanidad. Lo curioso es que cuenta con hordas de "amigos" infernales, iguales a él, envueltos en universos banales, donde el dinero es religión y el éxito se mide por marcas, la única cualidad mesurable en una mujer es su belleza y siguen todo un protocolo de posicionamientos sociales que no logro descifrar, por mucho que les observe atónita ante su vacuidad permanente. Pero aún hay más, ellos, que no logran distinguir a Bustamante de Puccini, para quienes la inquietud existencial consiste en levantarse un poco más los cuellos de un polo con caballito bordado, que consideran arte el logo de Audi, ésos son los que nuestra sociedad considera bien adaptados. Si llevara a Eduardo a mi casa, mi madre ronronearía de placer, amén de sus propiedades, sin importarle un bledo que no haya vuelto a abrir un libro desde que terminó el bachillerato, ni que yo acabe desviando todas nuestras conversaciones de más de diez minutos al terreno sexual para no exasperarme, para no pensar en su falta de ingenio, de ironía, de generosidad. Me centro en sus caricias que sí son, incongruentemente creativas, sabias, en el placer sensual, en la falta de sentimientos que despierta en mí, dejando libre mi tiempo y mi cariño para dedicartelos a ti, a embeberme en la profundidad de tus ojos y tus palabras, que me devuelven la confianza en la supuesta evolución de la especie.
jueves, 17 de julio de 2008
Mi jardín del Edén
"You go back to her and I go back to black"
Hay en el jardín de la casa azul un kiwi macho y un kiwi hembra. Es un jardín pequeño, y no hay muchos más árboles donde elegir. Así, que todo parecería indicar que la felicidad conyugal de la pareja arbórea estaba garantizada, sin embargo, el kiwi macho se ha liado con el laurel. Ya se sabe que el amor es ciego, y que en cosas de dos. . . .lo cierto es que es una bonita unión, tienen varias ramas enredadas y, a menos que te fijes bien, es dificil adivinar dónde empieza uno y acaba el otro, pese a la disparidad de hojas y color.
El kiwi hembra, anda medio desplomada, con las ramas tiradas por el suelo, vencida en su orgullo, sin ganas de crecer hacia arriba y sin darnos un sólo fruto. Porque, a ver, ¿Qué hubiera hecho Eva si Adán va y, en lugar de dejarse seducir por ella, cediendo incluso a absurdos antojos de comer cosas prohibidas, se lía con la oveja?
En fin, que los tiempos han cambiado, y ni siquiera en mi particular paraíso, las cosas son sencillas.
Hay en el jardín de la casa azul un kiwi macho y un kiwi hembra. Es un jardín pequeño, y no hay muchos más árboles donde elegir. Así, que todo parecería indicar que la felicidad conyugal de la pareja arbórea estaba garantizada, sin embargo, el kiwi macho se ha liado con el laurel. Ya se sabe que el amor es ciego, y que en cosas de dos. . . .lo cierto es que es una bonita unión, tienen varias ramas enredadas y, a menos que te fijes bien, es dificil adivinar dónde empieza uno y acaba el otro, pese a la disparidad de hojas y color.
El kiwi hembra, anda medio desplomada, con las ramas tiradas por el suelo, vencida en su orgullo, sin ganas de crecer hacia arriba y sin darnos un sólo fruto. Porque, a ver, ¿Qué hubiera hecho Eva si Adán va y, en lugar de dejarse seducir por ella, cediendo incluso a absurdos antojos de comer cosas prohibidas, se lía con la oveja?
En fin, que los tiempos han cambiado, y ni siquiera en mi particular paraíso, las cosas son sencillas.
jueves, 10 de julio de 2008
Zurich
Salgo a pasear por Zurich, como siempre que vengo a Suiza, se despierta en mi alma sureña una especie de resentimiento contra su orden inmaculado. Me da rabia que se sientan tan orgullosos de su supuesto civismo construido con diamantes de sangre, con dinero sucio traido de dictaduras crueles, con fortunas construidas a base de muerte y terror. Me indigna que el resto del mundo les permitamos la hipocresia, el gran triunfo de Pilatos, me lavo las manos y miro hacia otro lado, con mis manos supuestamente blancas, con mi tan manida neutralidad. Me detengo frente a un escaparate de abrigos de piel, otra inmoralidad, típica Suiza, sus montañas blancas, impolutas, su respeto por la naturaleza dentro del territorio nacional, no parece estar reñido con la esquilmación de especies protegidas en otros continentes. Todo vale, en aras del comercio, todo con tal de satisfacer a las oligarquías africanas, arabes, sudamericanas que entran a comprar relojes, plumas y joyas exclusivas, sin más preocupación en sus almas vacias que el consumismo exarcerbado. Y ellos, los ciudadanos sumisos, que no plantean retos a su gobierno, que prefieren no preguntarse de dónde viene tanta abundancia, pasean sintiendose absurdamente superiores a los ciudadanos de paises del sur, que luchan por una supervivencia digna. Son, realmente, como las ovejas de ese spot lanzado por ellos mismos, pastoreadas por perros banqueros de origen judio que venden su lana a los clientes árabes sin un parpadeo a cambio del oro negro.
lunes, 23 de junio de 2008
Cuando tú me abrazas
En las raras ocasiones en las que tú me abrazas, el mundo entero sonríe, satisfecho, la luz a nuestro alrededor se vuelve aterciopelada y la temperatura exterior se iguala a la de nuestros flujos sanguíneos. En esas preciadas noches en que posas tu mano en mi pecho, inadvertidamente, desde el más ínfimo electrón hasta la más inmensa galaxia comprenden que el universo es perfecto, completo y ordenado. Los sistemas giran y las partículas fluyen, rebosando equilibrio y felicidad, porque entonces todo cobra sentido, la existencia, el origen de la vida, la armonía sencilla y compleja de un hombre y una mujer que se complementan. En las escasas horas que pasas dormido, con la cabeza apoyada en mi nuca, tus muslos desnudos acoplados al hueco de mis piernas, el aire mismo se detiene a contemplar, absorto, la belleza de nuestra unión. Todos los sentimientos son benignos, los gatos ronronean en el jardín, las rosas florecen y el mar se balancea placido y eterno, como el cariño que te tengo. En esos preciosos instantes en que tú me abrazas, merece la pena vivir y llorar y luchar y perderte una vez tras otra al despertar, porque son los momentos en los que mi alma reposta bondad y sonrisas para prodigar luego a ese mismo mundo que, cuando tú ya no quieres abrazarme, deja de ser tan perfecto.
martes, 13 de mayo de 2008
Vuelo solitario
Ahora que la primavera ha llegado a la casa azul, los rayos del sol se cuelan entre las ramas del limonero y del oloroso laurel, haciéndo imposible la desdicha. Al son de las sonrisas de mis compañeros de hogar, se va derritiendo el chapapote de desamor que se empeñaba en quedarse adherido a las paredes de mi alma. Ahora ya no te necesito, ya no te anhelo a cada instante y ya no siento la frustración de la historia de caballito. Ahora soy feliz sola, por primera vez en muchos años, te sigo adorando, pero ya no duelen las ausencias, los desaires, soy realmente feliz sola. La casa azul me llena de alguna incomprensible manera, la luz, el jardín, los gatos del vecindario, el sonido de las gaviotas, la cercanía del mar, el añil bohemio de sus paredes y la libertad que me brindan las noches de marcha, los vuelos a nuevos destinos, el tiempo de lectura, la música constante.
Cuando comencé este blog ni siquiera sabía dónde estaban mis alas, reptaba sin valor en una relación muerta. ¡Te veía tan alto! ¡Tan lejos de mi mirada! Ha pasado casi un año, reuní valor, salté y poco a poco comencé a volar, con aleteos débiles y caidas estrepitosas que han dejado sus marcas, pero, poco a poco, he vuelto a ser yo misma, hasta el punto de que, alguien, la otra noche, opinó que yo tenía mucha más luz que tú. Ya no vuelo para alcanzarte, sé que sigues fuera de mi alcance, no pienso emular a Icaro, me conformo con extender las alas de mi libertad y volar en solitario, preferiblemente de noche, lejos del sol, del amor capaz de quemarlo todo.
Cuando comencé este blog ni siquiera sabía dónde estaban mis alas, reptaba sin valor en una relación muerta. ¡Te veía tan alto! ¡Tan lejos de mi mirada! Ha pasado casi un año, reuní valor, salté y poco a poco comencé a volar, con aleteos débiles y caidas estrepitosas que han dejado sus marcas, pero, poco a poco, he vuelto a ser yo misma, hasta el punto de que, alguien, la otra noche, opinó que yo tenía mucha más luz que tú. Ya no vuelo para alcanzarte, sé que sigues fuera de mi alcance, no pienso emular a Icaro, me conformo con extender las alas de mi libertad y volar en solitario, preferiblemente de noche, lejos del sol, del amor capaz de quemarlo todo.
viernes, 21 de marzo de 2008
Fútbol
Para alguien como yo, que nunca antes perteneció a ninguna parte, que nunca tuvo muy claro de qué ciudad, pueblo o región, considerarse, la experiencia del miércoles pasado, fue un fenómeno extraordinario. Allí estaba yo, pequeñita, deslumbrada por los focos del Sardinero, en medio de una multitud que cantaba a un equipo de fútbol, sí, pero también a una ciudad, a una provincia, a un sentimiento de grupalidad, a la identidad cántabra. Y me sentí un poco impostora, como esos niños que se cuelan en una fiesta de adultos, pretendiendo ser uno más, sin dejar de recordar que yo, en realidad, no soy de ningún sitio. Me gustaría, claro, cantar La Fuente de Cacho, como si lo hubiera hecho desde niña, como si mi padre me hubiera llevado de la mano a ver al Racing jugar algún domingo infantil. Luego recordé que mi apellido es cántabro, que mis antepasados sobrevivieron en aquellas montañas y que a nadie allí parece molestarle mi condición de recién conversa. A mí que la vida me negó la pertenencia a un lugar, dotándome, eso sí de unas alas de flexibilidad pasmosa, me va atrapando Santander, la vida plácida de mi casa azul, del Rio de la Pila, con su horario bohemio, la vista de la Bahía y la presencia de aquellas cimas que me recuerdan que, yo también tengo derecho a elegir un lugar para amar y vivir. El miércoles, mientras el Racing perdía, quise ser de una ciudad que canta a sus perdedores, que aplaude el esfuerzo y la lucha, y me sentí orgullosa, y esperanzada, porque yo también sigo luchando, con mis medios escasos y una deportividad que no supo mostrar el rival, desde la posición de perdedora.
jueves, 20 de marzo de 2008
miércoles, 6 de febrero de 2008
Y el final de la otra historia
Como dije, ya he recuperado la alegría, pero lo cierto, es que venía de pasar un mala época. He disimulado bien, eso sí, he llegado cada día al trabajo con una sonrisa, me he reído de los chistes, siguiendo las bromas y he intentado que el veneno amargo de mi soledad no llegara a afectar a ningún compañero, a ningún pasajero, a ninguno de mis amigos. . .he disimulado de día y he intentado salir muchas noches, estar acompañada, para seguir sonriendo, por eso de que si repites una mentira muchas veces acaba convirtiéndose en realidad : ¿Has dejado a Diego? pero ¿Estás bien?" "Sí, más vale sola que mal acompañada, yo estoy bien sola." Y , en cierta forma, así ha sido, me lo estaba creyendo, hasta que las Navidades me trajeron el regalo envenenado de Caballito, el conocimiento de que sí, existen hombres como él, con los que merecería la pena estar, vivir, enamorarse y compartir tantas cosas.
No, no ha sido un capricho frustrado, de ésos a los que yo soy tan proclive, ha sido algo diferente, como una revelación que te abre los ojos a un mundo nuevo que, hasta entonces, permanecía oculto. Y por éso ha sido todo tan rápido y tan trágico, ha sido como un atisbo a una clase de vida que, aunque ahora sé que existe, sigue estando fuera de mi alcance. Es el tipo de amor, de relación perfecta e igualitaria que mantienen Nicol y Pedro. Ellos lo comparten todo: pensamientos, sentimientos, inquietudes, tareas, recuerdos, fantasías, planes. . . Yo sé que con un hombre, con otro distinto a Alvaro, siempre habrá parcelas de mí que tendrán que permanecer ocultas, porque si llegara a abrirme completamente, si desvelara alguna de mis facetas, ellos perderían la imágen femenina de mí, el respeto o el amor, por eso del papel pasivo y cosificado que la sociedad nos obliga a acatar a las mujeres si aspiramos a ser dignas de ser amadas. Es triste, es radical, pero es tan cierto como que, prácticamente sólo los gays, y aquellas afortunadas que son amadas por uno de los pocos hombres, como Caballito, que realmente nos consideran sus iguales, pueden vivir un amor así de genuino, de completo.
Yo, por mi parte, he perdido una vez más, sin casi luchar, sin saber muy bien porqué, sin explicaciones ni despedidas. He perdido la oportunidad de introducirme en ese mundo que apenas he llegado a oler. Debo volver a mi mundo de hombres comunes y elegir entre que sean mis amigos, conociéndome, y opinen, como tú, que "es que tú no eres como las demás tías", o que sean mis parejas, disimulando mi verdadera personalidad, dejando que crean que somos todas tal como nos creen.
Por eso también he pataleado tanto antes de renunciar a Caballito, aunque ya sabía que él no estaba en el mismo punto que yo. Por eso las noches de hotel han sido oscuras y llenas de lágrimas. Por eso he insistido más de lo digno y lo adecuado, con llamadas, con mensajes a deshoras, con esa disponibilidad total que aleja a cualquiera que te acaba de conocer.
Me he asomado a la entrada de la cueva, pero el sol no ha querido aceptarme bajo su luz, resignada y deslumbrada, vuelvo a mi mundo de sombras tan familiar como frustrante.
No, no ha sido un capricho frustrado, de ésos a los que yo soy tan proclive, ha sido algo diferente, como una revelación que te abre los ojos a un mundo nuevo que, hasta entonces, permanecía oculto. Y por éso ha sido todo tan rápido y tan trágico, ha sido como un atisbo a una clase de vida que, aunque ahora sé que existe, sigue estando fuera de mi alcance. Es el tipo de amor, de relación perfecta e igualitaria que mantienen Nicol y Pedro. Ellos lo comparten todo: pensamientos, sentimientos, inquietudes, tareas, recuerdos, fantasías, planes. . . Yo sé que con un hombre, con otro distinto a Alvaro, siempre habrá parcelas de mí que tendrán que permanecer ocultas, porque si llegara a abrirme completamente, si desvelara alguna de mis facetas, ellos perderían la imágen femenina de mí, el respeto o el amor, por eso del papel pasivo y cosificado que la sociedad nos obliga a acatar a las mujeres si aspiramos a ser dignas de ser amadas. Es triste, es radical, pero es tan cierto como que, prácticamente sólo los gays, y aquellas afortunadas que son amadas por uno de los pocos hombres, como Caballito, que realmente nos consideran sus iguales, pueden vivir un amor así de genuino, de completo.
Yo, por mi parte, he perdido una vez más, sin casi luchar, sin saber muy bien porqué, sin explicaciones ni despedidas. He perdido la oportunidad de introducirme en ese mundo que apenas he llegado a oler. Debo volver a mi mundo de hombres comunes y elegir entre que sean mis amigos, conociéndome, y opinen, como tú, que "es que tú no eres como las demás tías", o que sean mis parejas, disimulando mi verdadera personalidad, dejando que crean que somos todas tal como nos creen.
Por eso también he pataleado tanto antes de renunciar a Caballito, aunque ya sabía que él no estaba en el mismo punto que yo. Por eso las noches de hotel han sido oscuras y llenas de lágrimas. Por eso he insistido más de lo digno y lo adecuado, con llamadas, con mensajes a deshoras, con esa disponibilidad total que aleja a cualquiera que te acaba de conocer.
Me he asomado a la entrada de la cueva, pero el sol no ha querido aceptarme bajo su luz, resignada y deslumbrada, vuelvo a mi mundo de sombras tan familiar como frustrante.
Declaración
Ahora sé que me quieres. Quizás siempre me quisiste. Quizás hubo algun momento en que lo nuestro pudo haber sido. Y me gusta, me consuela saberlo, me gusta que me lo hayas dicho, una noche tras otra, envolviéndome en besos castos. Me gusta y me alivia ligeramente el saber que mi renuncia a tí ha sido, en realidad, la renuncia de los dos. Y no sé si esta nueva revelación me trae más consuelo que dolor o más dolor que consuelo, porque ese momento milagroso en que descubres el amor correspondido, se ha teñido de resignación, de pérdida anticipada, de profundo desencuentro.
domingo, 27 de enero de 2008
¡Por fin! Amor, alegría y amistad.
El jueves llegué de Venecia a la casa azul, agotada. Salimos, bebimos, perdí los recuerdos, las llaves y el sentido de la orientación. Me desperté con los abrazos risueños de Lito, escuchando las gaviotas chillar por encima del tejado, como un eco evocativo de mi fiordo, la luz entrando a raudales por mi balcón sureño, las risas de una chica en la cocina (cortesía de David) y, de pronto, me sentí feliz, de nuevo, me sentí querida, ubicada, completa. Como si todos estos meses, el fracaso, la melancolía, el desamor, se hubieran ido acumulando hasta estallar en la negrura que sentí en Venecia, en la desesperación de comprender íntimamente a la última compañera que se suicidó el mismo día que yo sentía la soledad absoluta de los hoteles, de los viajes, de la soltería, de la edad. Sin embargo, el viernes por la mañana, cuando desperté en la casa azul, en mi casa azul, la tristeza había desaparecido ¡Plof! Como por arte de magia, como desaparecen las lluvias torrenciales, o la oscuridad de la noche, dejándote maravillada, soleada por dentro, ligera, descansada y absurda. Creo que es el milagro de esta casa, de esta ciudad, a pesar de la incomprensión ajena y, en mi caso, familiar, he decidido dejarme llevar por mi intuición, mis presentimientos. Sé que es difícil explicar las corrientes de cariño que circulan entre estas paredes, entre nosotros tres, es dificil de entender, y, sin embargo, es tan fácil de sentir, tan indispensable para vivir, como la amistad, como los abrazos, como la compañía.
Laguna Veneciana
Odio venecia, es superior a mí. A pesar de que me trae un recuerdo bueno: Vine a Venecia en mi primera pernocta como auxiliar de vuelo, con Sammy-Jo, con Dave Owen, con Tania y con aquél piloto islandés que se enamoró tan torpemente de mí. ¡Qué divertidos eran los ingleses! Aún ahora, cuatro años después de haber vuelto a España, echo de menos su humor corrosivo, su camadería gamberra, su vitalidad nocturna.Pero, exceptuando aquella primera vez, siempre que he vuelto a Venecia, me he sentido sola, abatida, decadente. . .como si la falsedad de sus paseos me contagiara la melancolía de esas calles que se hunden, de esas paredes carcomidas de humedad y dejadez.
Volvi a Venecia con Diego, viaje pagado, hotel pagado, y ni una sóla vez conseguí que me tirara riendo en la cama barroca, bajo la lámpara de cristal de murano violeta, ni una sola vez se dejó llevar por mi optimismo, mi alegría vacacional. Sólo quería correr y correr, haciéndole fotos sin fin a los escenarios que no le daba tiempo a mirar, con el único despropósito de relatar a sus colegas del barrio los detalles póstumos de una felicidad nunca disfrutada.
Y luego he vuelto una y mil veces, sóla, siempre con tripulaciones ajenas, nunca con mi Silvia. Hoy me he negado a ir a la ciudad, me he quedado en Mestre, bajo la sombra de fábricas futurísticas y polígonos corbuserianos. He intentado así no llorar, parapetarme del hechizo melancólico de esta ciudad, no concentrarme en la pena rabiosa que sigo sintiendo en el estómago a pesar de mis propósitos de autonomía afectiva, negar este presentimiento aciago de que una vez más, el flujo de la felicidad se estanca a mi paso, corrompiéndose como el agua sucia de la Laguna.
Volvi a Venecia con Diego, viaje pagado, hotel pagado, y ni una sóla vez conseguí que me tirara riendo en la cama barroca, bajo la lámpara de cristal de murano violeta, ni una sola vez se dejó llevar por mi optimismo, mi alegría vacacional. Sólo quería correr y correr, haciéndole fotos sin fin a los escenarios que no le daba tiempo a mirar, con el único despropósito de relatar a sus colegas del barrio los detalles póstumos de una felicidad nunca disfrutada.
Y luego he vuelto una y mil veces, sóla, siempre con tripulaciones ajenas, nunca con mi Silvia. Hoy me he negado a ir a la ciudad, me he quedado en Mestre, bajo la sombra de fábricas futurísticas y polígonos corbuserianos. He intentado así no llorar, parapetarme del hechizo melancólico de esta ciudad, no concentrarme en la pena rabiosa que sigo sintiendo en el estómago a pesar de mis propósitos de autonomía afectiva, negar este presentimiento aciago de que una vez más, el flujo de la felicidad se estanca a mi paso, corrompiéndose como el agua sucia de la Laguna.
domingo, 20 de enero de 2008
En busca de la independencia
Esta es una de esas noches en que, si tuviera con quién, me emborracharía hasta el ridículo. No sé bien porqué, ya que durante el día lo he pasado razonablemente bien, ya sabes, hemos estado en La Latina, hacía sol, nos hemos reído, hemos bebido cañitas, y te he visto, con estos nuevos ojos de amiga, ahora que sé que existen hombres, como caballito, indudablemente mejores que tú. Pero, ya de noche, cuando he llegado a casa y me he puesto a ver la tele, enfundada en mi pijama anti-erótico, con el estómago pidiéndome, a base de gruñidos nada decorosos, una cena que me he negado a darle por maleducado, viendo anuncios de cuerpos que nunca tendré y películas de romances que nunca viviré, me ha dado por pensar que estoy sola, que nadie me ha querido nunca de verdad, así, con capacidad de sacrificio, que siempre soy la amante, nunca la amada, que carezco de la materia etérea ésa que te convierte mágicamente en objeto de amor platónico, probablemente porque soy demasiado sincera y me niego a jugar según no sé qué "reglas" manipulativas y deshonestas y porque, además, dicha materia etérea, se compone, básicamente y según vengo observando, de unas dosis de belleza, delgadez y fragilidad, innatamente fuera de mi alcance. Todo este deprimente pensar, me ha dejado sumida en una tristeza que siento como un fuerte dolor en el estómago, que quizás tenga algo que ver con el hambre, pero que, mientras escucho a Janice, me convezo que es, puramente, la sintomatología desgarrada de mi profunda soledad.
Por si no hubiera tenido bastante con estas reflexiones (ya le dije al peluquero que quería el pelo más rubio) he seguido dándole al coco y he llegado a la conclusión de que vivimos en una era y una cultura excesivamente obsesionadas con la búsqueda del AMOR, de la pareja única, perfecta y vitalicia. Que, por culpa de esta quimera social y omnipresente (veánse películas, canciones, libros, blogs, anuncios...) todos aquellos que no tenemos pareja, nos sentimos personas incompletas, avergonzadas, fracasadas y hasta diría que culpables, aunque seamos absolutamente dichosos en todos los demás planos de nuestras vidas.
Con todos estos pensamientos y el mismo dolor en el estómago, he deducido que, a mí lo que me pasa, es que aún soy muy dependiente afectivamente. Me gustaría estar rodeada de amigos queridos a todas horas, me gustaría dormir cada noche abrazada a alguien mimoso y tener alguien con quien compartir todas las pequeñas nimiedades que me pasan a lo largo del día, alguien con quien hacer planes de futuro excéntricos y creativos, alguien con quien reirme en los bailes del Inserso y hacer travesuras hasta el fin de nuestros días. . .lo anhelo, pero debo empezar a aceptar la posibilidad de que, es probable, que tenga que aprender a renunciar a ése deseo y ser feliz de otra manera, es probable que ese alguien vaya a tener que ser yo misma y, por tanto, debo empezar a quereme más, a conocerme mejor aún, a disfrutar de la soledad y convertir la dentellada ésa del estómago en placer, de alguna forma retorcida. De momento, en lugar de salir a beber hasta olvidarme de todo ésto, lo escribo aquí y me propongo, seriamente, alcanzar la independencia afectiva en el año éste que empieza.
Por si no hubiera tenido bastante con estas reflexiones (ya le dije al peluquero que quería el pelo más rubio) he seguido dándole al coco y he llegado a la conclusión de que vivimos en una era y una cultura excesivamente obsesionadas con la búsqueda del AMOR, de la pareja única, perfecta y vitalicia. Que, por culpa de esta quimera social y omnipresente (veánse películas, canciones, libros, blogs, anuncios...) todos aquellos que no tenemos pareja, nos sentimos personas incompletas, avergonzadas, fracasadas y hasta diría que culpables, aunque seamos absolutamente dichosos en todos los demás planos de nuestras vidas.
Con todos estos pensamientos y el mismo dolor en el estómago, he deducido que, a mí lo que me pasa, es que aún soy muy dependiente afectivamente. Me gustaría estar rodeada de amigos queridos a todas horas, me gustaría dormir cada noche abrazada a alguien mimoso y tener alguien con quien compartir todas las pequeñas nimiedades que me pasan a lo largo del día, alguien con quien hacer planes de futuro excéntricos y creativos, alguien con quien reirme en los bailes del Inserso y hacer travesuras hasta el fin de nuestros días. . .lo anhelo, pero debo empezar a aceptar la posibilidad de que, es probable, que tenga que aprender a renunciar a ése deseo y ser feliz de otra manera, es probable que ese alguien vaya a tener que ser yo misma y, por tanto, debo empezar a quereme más, a conocerme mejor aún, a disfrutar de la soledad y convertir la dentellada ésa del estómago en placer, de alguna forma retorcida. De momento, en lugar de salir a beber hasta olvidarme de todo ésto, lo escribo aquí y me propongo, seriamente, alcanzar la independencia afectiva en el año éste que empieza.
jueves, 17 de enero de 2008
paciencia
Ahora, regalito, somos como esos árboles desnudos que bordean las calles, parece mentira que la primavera pasada estuvieramos llenos de hojas, de vida, de amor. Ahora somos esqueletos de madera, desnudos, muertos. . .Yo, como almendro que soy, tengo un ciclo madurativo distinto al tuyo, ya empiezo a notar unos pequeños brotes de esperanza resurgiendo de mi alma yerma, aún no noto la vida, pero la presiento, sé que llegará, las mujeres entendemos de ciclos. Yo dejo que el tiempo pase y rezo para que no vengan heladas de oriente, granizo que trunque mis futuros frutos, que si soy paciente, disfrutaré en verano. Tú eres un árbol singular, exótico, no puedo predecir tus ciclos, sólo sé que bajo esa piel árida que ahora me muestras, palpita aún la savia a raudales, con un caudal tal, que me animo a esperarte, porque desconozco tu especie, tus hojas y tus frutos, pero la promesa es gloriosa.
lunes, 14 de enero de 2008
cuesta de enero
No puedo postergarlo más, debo quitar el árbol de Navidad. Pero eso, amigos, no es lo más duro, lo realmente triste es que mi razón me dice que debo devolver mi regalo, mi caballito, a su luto particular, a los brazos sudorosos de esa gripe maldita y de su reciente desamor que apenas le dejan sentir un poquito de ilusión por mí. No puedo alargar las Navidades, ni autoengañarme más, aunque quisiera disfrutarlo un poco más, sólo unos días, sólo unas conversaciones más. . . Esos son deseos del corazón, de la piel, enfrentados a mi lógica que me dice cada mañana al levantarme ¡Venga! Hoy quitamos el árbol sin llorar, ¡Venga! Hoy quizás vuelvas a escuchar en su voz el tono de los primeros días. Pero, nada, el árbol sigue en un rincón del salón, abandonado y apagado, tan fuera de lugar como mis sentimientos que apenas han tenido tiempo de nacer antes de verme obligada a matarlos
sábado, 12 de enero de 2008
Rumores
Alguien ha plantado un rumor sobre mi regalo en mi corazón. Ahora la sombra de la sospecha se cierne sobre nuestra amistad emergente como los virus gripales se ciernen sobre tu cuerpo y sobre el cuerpo de Alvaro. Es curioso, los virus os igualan y os diferencian en vuestras reacciones ante la enfermedad. Tu mirada sufridora, resignada, de hombre fuerte y, sin embargo, vulnerable, pidiéndome cariño y cuidados, silenciosamente, dejándote acariciar la frente con una sonrisa. Y la mirada hastiada, suficiente, de Alvaro, acostumbrado al abandono, a la independencia, negándose a recibir, buscando sufrir en soledad. Unas horas contigo, unas horas con él, aviones y lluvia. En medio de todo ello, la mudanza consumada, el inicio de un sueño, de mi nueva "familia feliz", despertarme en la casa azul, desayunar con David, en nuestra casa, con el aroma de los limones mojados y el café recién hecho. La vida me sonríe, a pesar del clamor de los rumores malintencionados, a pesar de no poder evitar compararos, en la salud y en la enfermedad.
miércoles, 9 de enero de 2008
regalos
Los Reyes magos pasaron, y a pesar de que esa noche fui a Dakar, en busca de Baltasar, no me dejaron nada. Ha sido triste, la Navidad se terminó, tengo que quitar mi arbolito de recuerdos y colores y, sobre todo, no sé cuánto tiempo más podré seguir disfrutando de mi regalo de Navidad. Es un regalo extraño, fuera de lugar, éste. Ahora que estoy tan cerca de tí, de tenerte por fin, en cierta forma, al menos, aparece "el hombre perfecto". Alvaro es todo lo que siempre quise encontrar, infructuosamente, en un hombre. Es inteligente y culto, ama el arte y la poesía, los gatos y los niños, la cocina y la literatura, sabe hablar y escuchar y reír, da más de lo que recibe, entiende mi trabajo, por entender, entiende a mis amigos esos que entienden, es luchador, optimista, feminista, cariñoso, socialmente muy hábil, comprensivo, tolerante. . .podría seguir hasta el infinito, de tantas cualidades que atesora, mi regalo. Y el caso es que siempre supe que tenían que existir hombres así, aunque no fueran gays, puesto que algunos escritores que te tocan el alma, son hombres también, algunos blogueros que leo, son hombres también, y demuestran tener sensibilidad y consciencia del mundo y de los pequeños detalles, inteligencia emocional, supongo. El caso es que conocerle me ha abierto los ojos a una nueva realidad, a "una nueva raza de hombres". Pero, aún no estoy preparada para ilusionarme, aún no noto la magia que siento cuando estoy cerca de tí, el olor de tu pelo, tu presencia, la química maldita, la fuerza de tu atracción, que va más allá de lo físico, aún no la noto, pero no descarto sentirla. . .algún día, es pronto ¡Es tan pronto! El año no ha hecho más que comenzar.
lunes, 7 de enero de 2008
Para Caballito
Me niego, me niego a que mi estado de ánimo dependa, simplemente, de sus llamadas, de sus mensajes, de sus piropos. Me niego a pasarme las tardes desocupada porque sé que quizás él quiera quedar conmigo hoy y me niego a mirar de reojo al móvil, cada diez minutos, para asegurarme de que no, él no me ha llamado todavía, porque seguramente él sí tiene cosas mejores en qué pensar, en qué ocupar sus emociones y sus energías. Me suena, esta situación, la he vivido yo y la han vivido todas mis amigas alguna que otra vez, y sé bien que la Psicología diría que se debe a nuestro estilo de apego ansioso blablabla. . .yo creo que se debe a que las mujeres somos un poco "bobas", ponemos demasiada carne en el asador, demasiada pasión, demasiadas proyecciones, en los romances y a que los hombres, de quien la misma psicología diría que presentan conductas de evitación, son, en realidad, un poco capullos y te persiguen y te llaman a todas horas y te regalan libros y poemas, y te insisten hasta que tú bajas un pelín la guardia y decides ceder y llamarles tú y prestarles un poco más de atención y no quedar con todos los demás compañeros de baile que te han surgido ultimamente. Y entonces, ¡Ay entonces! Entonces van ellos y reculan. Pues no, me niego, esta vez no voy a jugar, no pienso sufrir ni un ápice, pienso pintarme los labios y salir a bailar, yo sola, una noche más.
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