lunes, 14 de enero de 2008
cuesta de enero
No puedo postergarlo más, debo quitar el árbol de Navidad. Pero eso, amigos, no es lo más duro, lo realmente triste es que mi razón me dice que debo devolver mi regalo, mi caballito, a su luto particular, a los brazos sudorosos de esa gripe maldita y de su reciente desamor que apenas le dejan sentir un poquito de ilusión por mí. No puedo alargar las Navidades, ni autoengañarme más, aunque quisiera disfrutarlo un poco más, sólo unos días, sólo unas conversaciones más. . . Esos son deseos del corazón, de la piel, enfrentados a mi lógica que me dice cada mañana al levantarme ¡Venga! Hoy quitamos el árbol sin llorar, ¡Venga! Hoy quizás vuelvas a escuchar en su voz el tono de los primeros días. Pero, nada, el árbol sigue en un rincón del salón, abandonado y apagado, tan fuera de lugar como mis sentimientos que apenas han tenido tiempo de nacer antes de verme obligada a matarlos
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

2 comentarios:
Creo que más que cuesta de enero, de dificultad de quitar al árbol, es tu sentimiento el que no quieres dejar que termine, o que te abandone. Relacionas una cosa con otra, y te entiendo. A mí me costaría horrores deshacerme de algo que me recuerde a ese alguien, aún sabiendo que es lo que hay que hacer.
Tómatelo con calma, hazlo un día que te levantes convencida, y por lo demás, simplemente déjalo estar, sin mirarlo.
Un beso preciosa (:
Gracias mi niña, me cuesta, me cuesta volver a la vida sin ilusión, así que aún no he quitado el árbol del todo, ni le he dejado marchar, aunque creo que es lo que él necesita. Un día de estos. . .
Publicar un comentario