domingo, 10 de agosto de 2008

tu chico puedes vivir una vida de hogar

A estas alturas del verano, Wendy, a base de mohines y reproches, consiguió hacer crecer a Peter Pan. Ahora él ya no puede volar, se ha convertido en un vulgar mortal, y al caerse sangra y se hace daño como todos los demás. Por primera vez, se siente más viejo y ha perdido su proverbial audacia, que lo convertía en un ser único, libre y poderoso. Campanilla, que se ha quedado infinitamente triste, vaga de barra en barra, de fiesta en fiesta, emborrachandose para olvidar la traición de su amigo, la pena que siente al verle tan bajo, tan pequeño, tan atado. Ella, sin embargo, puede seguir volando, aún conserva los polvos mágicos y hasta se ha agrandado respecto a él. Lo que más la entristece es saber que Peter se equivoca, que será infeliz encerrado en una vida común, como lo fue ella cuando perdió sus alas y se dejó encerrar en aquella jaula de Madrid. No es completamente feliz tampoco, Campanilla, pero de vez en cuando lo aparenta, se deja mordisquear por los cocodrilos entre risas frívolas y se ha hecho íntima del Capitán Garfio, ultimamente se ha fijado en sus grandes ojos marrones y ha descubierto que las hadas y los piratas pueden hacer muy buenas migas.

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