domingo, 20 de enero de 2008

En busca de la independencia

Esta es una de esas noches en que, si tuviera con quién, me emborracharía hasta el ridículo. No sé bien porqué, ya que durante el día lo he pasado razonablemente bien, ya sabes, hemos estado en La Latina, hacía sol, nos hemos reído, hemos bebido cañitas, y te he visto, con estos nuevos ojos de amiga, ahora que sé que existen hombres, como caballito, indudablemente mejores que tú. Pero, ya de noche, cuando he llegado a casa y me he puesto a ver la tele, enfundada en mi pijama anti-erótico, con el estómago pidiéndome, a base de gruñidos nada decorosos, una cena que me he negado a darle por maleducado, viendo anuncios de cuerpos que nunca tendré y películas de romances que nunca viviré, me ha dado por pensar que estoy sola, que nadie me ha querido nunca de verdad, así, con capacidad de sacrificio, que siempre soy la amante, nunca la amada, que carezco de la materia etérea ésa que te convierte mágicamente en objeto de amor platónico, probablemente porque soy demasiado sincera y me niego a jugar según no sé qué "reglas" manipulativas y deshonestas y porque, además, dicha materia etérea, se compone, básicamente y según vengo observando, de unas dosis de belleza, delgadez y fragilidad, innatamente fuera de mi alcance. Todo este deprimente pensar, me ha dejado sumida en una tristeza que siento como un fuerte dolor en el estómago, que quizás tenga algo que ver con el hambre, pero que, mientras escucho a Janice, me convezo que es, puramente, la sintomatología desgarrada de mi profunda soledad.
Por si no hubiera tenido bastante con estas reflexiones (ya le dije al peluquero que quería el pelo más rubio) he seguido dándole al coco y he llegado a la conclusión de que vivimos en una era y una cultura excesivamente obsesionadas con la búsqueda del AMOR, de la pareja única, perfecta y vitalicia. Que, por culpa de esta quimera social y omnipresente (veánse películas, canciones, libros, blogs, anuncios...) todos aquellos que no tenemos pareja, nos sentimos personas incompletas, avergonzadas, fracasadas y hasta diría que culpables, aunque seamos absolutamente dichosos en todos los demás planos de nuestras vidas.
Con todos estos pensamientos y el mismo dolor en el estómago, he deducido que, a mí lo que me pasa, es que aún soy muy dependiente afectivamente. Me gustaría estar rodeada de amigos queridos a todas horas, me gustaría dormir cada noche abrazada a alguien mimoso y tener alguien con quien compartir todas las pequeñas nimiedades que me pasan a lo largo del día, alguien con quien hacer planes de futuro excéntricos y creativos, alguien con quien reirme en los bailes del Inserso y hacer travesuras hasta el fin de nuestros días. . .lo anhelo, pero debo empezar a aceptar la posibilidad de que, es probable, que tenga que aprender a renunciar a ése deseo y ser feliz de otra manera, es probable que ese alguien vaya a tener que ser yo misma y, por tanto, debo empezar a quereme más, a conocerme mejor aún, a disfrutar de la soledad y convertir la dentellada ésa del estómago en placer, de alguna forma retorcida. De momento, en lugar de salir a beber hasta olvidarme de todo ésto, lo escribo aquí y me propongo, seriamente, alcanzar la independencia afectiva en el año éste que empieza.

2 comentarios:

Salitre dijo...

Eso es lo que tiene tener ratitos de soledad, que una empieza a hablar consigo misma y llega hasta las conclusiones que tu muy bien has plasmado en este post. La mayoría de veces nos tenemos olvidadas, hablamos de todo con todo el mundo y olvidamos hablar de lo más importante con la persona más importante de nuestras vidas; una misma. Si, hay que llegar a la independencia emocional...pero no es un trabajo fácil, para eso nos regalan toda una vida....para conseguirlo. Yo te animo, al igual que me animo a mi misma a conseguirlo.

Besitos independientes!!

Ainhoa dijo...

¿Se puede saber qué haces pensando en los viajes del Imserso? Vale que en breve vas a cumplir la edad de Cristo pero...
Sí, definitivamente nos tenemos que ver porque me niego a escarbar aquí en esa melancolía. Casualmente he escrito en mi blog un fragmento muy curioso de una obra del siglo XVI titulada "Tratado de la melancolía" en el que se explica que el "humor melancólico" se sitúa en el bazo y con sus vapores molesta al corazón;-)
Y es que no me gusta verte triste.
Un besito.