miércoles, 30 de julio de 2008

Desvistiendo demonios

Le dijeron a Silvia el otro día, que si nos quedamos para vestir santos, acabaremos desvistiendo demonios. Y eso es, exactamente, lo que me está pasando a mí. Mantengo una relación absurda con Eduardo, al que, en el fondo, desprecio considerablemente. Es, frente a tus ojos de ángel, un auténtico demonio. Busco su alma y no logro encontrarla, sólo le mueve el hedonismo y la vanidad. Lo curioso es que cuenta con hordas de "amigos" infernales, iguales a él, envueltos en universos banales, donde el dinero es religión y el éxito se mide por marcas, la única cualidad mesurable en una mujer es su belleza y siguen todo un protocolo de posicionamientos sociales que no logro descifrar, por mucho que les observe atónita ante su vacuidad permanente. Pero aún hay más, ellos, que no logran distinguir a Bustamante de Puccini, para quienes la inquietud existencial consiste en levantarse un poco más los cuellos de un polo con caballito bordado, que consideran arte el logo de Audi, ésos son los que nuestra sociedad considera bien adaptados. Si llevara a Eduardo a mi casa, mi madre ronronearía de placer, amén de sus propiedades, sin importarle un bledo que no haya vuelto a abrir un libro desde que terminó el bachillerato, ni que yo acabe desviando todas nuestras conversaciones de más de diez minutos al terreno sexual para no exasperarme, para no pensar en su falta de ingenio, de ironía, de generosidad. Me centro en sus caricias que sí son, incongruentemente creativas, sabias, en el placer sensual, en la falta de sentimientos que despierta en mí, dejando libre mi tiempo y mi cariño para dedicartelos a ti, a embeberme en la profundidad de tus ojos y tus palabras, que me devuelven la confianza en la supuesta evolución de la especie.

1 comentario:

Ainhoa dijo...

Pero, ¿de qué gente te rodeas últimamente? Me alegro de que sexualmente funcione el muchacho, porque si no...
Ya hablaremos la próxima semana tranquilamente, eso sí, si dejamos a un lado el pacharán :-)
Ya tengo ganas de verte.
Un besazo.