miércoles, 6 de febrero de 2008

Y el final de la otra historia

Como dije, ya he recuperado la alegría, pero lo cierto, es que venía de pasar un mala época. He disimulado bien, eso sí, he llegado cada día al trabajo con una sonrisa, me he reído de los chistes, siguiendo las bromas y he intentado que el veneno amargo de mi soledad no llegara a afectar a ningún compañero, a ningún pasajero, a ninguno de mis amigos. . .he disimulado de día y he intentado salir muchas noches, estar acompañada, para seguir sonriendo, por eso de que si repites una mentira muchas veces acaba convirtiéndose en realidad : ¿Has dejado a Diego? pero ¿Estás bien?" "Sí, más vale sola que mal acompañada, yo estoy bien sola." Y , en cierta forma, así ha sido, me lo estaba creyendo, hasta que las Navidades me trajeron el regalo envenenado de Caballito, el conocimiento de que sí, existen hombres como él, con los que merecería la pena estar, vivir, enamorarse y compartir tantas cosas.
No, no ha sido un capricho frustrado, de ésos a los que yo soy tan proclive, ha sido algo diferente, como una revelación que te abre los ojos a un mundo nuevo que, hasta entonces, permanecía oculto. Y por éso ha sido todo tan rápido y tan trágico, ha sido como un atisbo a una clase de vida que, aunque ahora sé que existe, sigue estando fuera de mi alcance. Es el tipo de amor, de relación perfecta e igualitaria que mantienen Nicol y Pedro. Ellos lo comparten todo: pensamientos, sentimientos, inquietudes, tareas, recuerdos, fantasías, planes. . . Yo sé que con un hombre, con otro distinto a Alvaro, siempre habrá parcelas de mí que tendrán que permanecer ocultas, porque si llegara a abrirme completamente, si desvelara alguna de mis facetas, ellos perderían la imágen femenina de mí, el respeto o el amor, por eso del papel pasivo y cosificado que la sociedad nos obliga a acatar a las mujeres si aspiramos a ser dignas de ser amadas. Es triste, es radical, pero es tan cierto como que, prácticamente sólo los gays, y aquellas afortunadas que son amadas por uno de los pocos hombres, como Caballito, que realmente nos consideran sus iguales, pueden vivir un amor así de genuino, de completo.
Yo, por mi parte, he perdido una vez más, sin casi luchar, sin saber muy bien porqué, sin explicaciones ni despedidas. He perdido la oportunidad de introducirme en ese mundo que apenas he llegado a oler. Debo volver a mi mundo de hombres comunes y elegir entre que sean mis amigos, conociéndome, y opinen, como tú, que "es que tú no eres como las demás tías", o que sean mis parejas, disimulando mi verdadera personalidad, dejando que crean que somos todas tal como nos creen.
Por eso también he pataleado tanto antes de renunciar a Caballito, aunque ya sabía que él no estaba en el mismo punto que yo. Por eso las noches de hotel han sido oscuras y llenas de lágrimas. Por eso he insistido más de lo digno y lo adecuado, con llamadas, con mensajes a deshoras, con esa disponibilidad total que aleja a cualquiera que te acaba de conocer.
Me he asomado a la entrada de la cueva, pero el sol no ha querido aceptarme bajo su luz, resignada y deslumbrada, vuelvo a mi mundo de sombras tan familiar como frustrante.

Declaración

Ahora sé que me quieres. Quizás siempre me quisiste. Quizás hubo algun momento en que lo nuestro pudo haber sido. Y me gusta, me consuela saberlo, me gusta que me lo hayas dicho, una noche tras otra, envolviéndome en besos castos. Me gusta y me alivia ligeramente el saber que mi renuncia a tí ha sido, en realidad, la renuncia de los dos. Y no sé si esta nueva revelación me trae más consuelo que dolor o más dolor que consuelo, porque ese momento milagroso en que descubres el amor correspondido, se ha teñido de resignación, de pérdida anticipada, de profundo desencuentro.