martes, 10 de julio de 2007

Sed

Creo haber descubierto lo que tú y yo tenemos en común, amigo mío. Es ese ansia, ese hambre de vida que no se nos termina. Remanescencias, quizás, de una juventud interrumpida, que nos obligó a madurar antes de tiempo y nos dejó, paradójicamente, eternamente inmaduros en muchos aspectos.
Y es que pasan los años, las décadas, para que vamos a engañarnos, y a mi alrededor antiguos amigos parecen ir mutando a seres escépticos y responsables, autosatisfechos, orondos. Y ahí estamos tú y yo, queriendo respirar aires nuevos, libertad, bañándonos en el mar de madrugada, maravillándonos con el milagro de un amanecer en la playa. Aquí estamos, con esas ganas de vivir emociones, esa pasión que corre por nuestras venas, impulsándonos a salir una noche más (de nuevo cito a Loquillo). Esa hambre que, en tu caso, es sed, en mi caso, inquietud, rebeldía, infidelidad, quemazón cada noche que paso encerrada en esta placida vida junto a alguien que ya no siente la necesidad de salir, de descubrir, de sentir.
Pero, como ahora , mi lema es la resignación, la conformidad, la cobardía, cierro los ojos a la pasión que algunas noches me desborda hasta hacerme llorar de rabia, especialmente cuando, como hoy, la luna azul brilla plena y el aire trae olor de verbenas estivales.